WASHINGTON (AFP). Más allá de algunas grandes ideas aislacionistas y de proteccionismo, el presidente electo Donald Trump no ha pintado un cuadro detallado sobre su política exterior.
A solo diez semanas de tomar el mando de la superpotencia mundial, aliados y enemigos de Washington buscan pistas en su agenda.
En su discurso después de campaña, Trump insistió en la virtud del “elemento sorpresa”, algo que parece vago, pero quizá sea intencional.
Trump fue interrogado en enero pasado sobre las instalaciones nucleares de Irán, en el sentido de si las atacaría o confiaría en el acuerdo negociado de mantenerlas.
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“Quiero ser impredecible”, dijo Trump al insistir en que los electores debían apoyar –como finalmente lo hicieron– su peculiar estilo.
Al final de la campaña, Trump se burló repetidamente de la ofensiva iraquí, respaldada por Estados Unidos, para liberar la ciudad de Mosul.
Cuestionó que los generales del presidente Barack Obama hayan avisado sobre el asalto cuatro meses antes, alertando al grupo Estado Islámico.
“Él no tiene una trayectoria en política exterior que se pueda analizar”, dijo el exdirector de la CIA y de Inteligencia Nacional, Michael Hyden.
“De modo que hay demasiada retórica de campaña como para darle crédito. La retórica de campaña históricamente se suaviza ante la realidad del trabajo”.
Pese a que en su tiempo Trump apoyó la invasión a Irak del expresidente George W. Bush, ahora insiste en que fue un terrible error.
La presidencia de Trump será aparentemente mucho más escéptica sobre el libre comercio. El presidente electo cree que poderosos exportadores como China están robando empleos y capital a los estadounidenses.
El republicano amenazó en su campaña con romper acuerdos como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, y forzar a México a pagar cuotas de exportación para financiar el muro en la frontera.
El año pasado, Estados Unidos y cerca de 180 países firmaron el acuerdo sobre cambio climático, pero Trump afirma que este fenómeno ambiental es “un engaño”.
En tanto, Irán ha expresado su preocupación de que el presidente electo pueda cumplir su amenaza de romper el acuerdo nuclear firmado el año pasado con seis potencias.
Mientras que en el futuro los refugiados sirios, a quienes Trump considera un riesgo de violencia extremista, podrían no estar seguros en Estados Unidos.
¿Cambiará sus opiniones una vez instalado en la Casa Blanca y asesorado por el Consejo de Seguridad Nacional, el Departamento de Estado y los funcionarios de comercio exterior? Quién sabe: es impredecible.
