Los palestinos en Cisjordania viven separados por muros y vallas de sus vecinos israelíes.
El Estado israelí argumenta necesidades de seguridad, basado en acciones terroristas llevadas a cabo desde ese territorio contra sus ciudadanos.
A su vez, los palestinos que no desean la violencia reclaman esta situación como una segregación que llega a afectar cada acto de sus vidas.
Y es que los muros ya no solo dividen Cisjordania de Israel, sino dentro del territorio cisjordano se yerguen muros que separan comunidades palestinas y alteran su existencia.
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Cercan ciudades enteras y rodean asentamientos judíos que los palestinos condenan por considerar una colonización ilegal que busca potenciar la presencia israelí en una zona donde debería erigirse el futuro Estado palestino.
Esas vallas, sumadas a permanentes controles militares en carreteras y ciudades; y a sistemas de documentación, que permiten el registro de los palestinos y su restricción de movimiento, incluso entre comunidades palestinas; además de limitaciones, y hasta prohibiciones, en el uso de recursos e importación de productos, convierten la vida diaria palestina en algo de duro de presenciar.
En esta visita al territorio, conversamos con autoridades palestinas, que han expuesto sus condenas a esta situación, y pudimos conversar, asimismo, sobre situaciones de la propia política interna palestina, también imbuida de importantes trastornos.
En subsecuentes notas, publicaremos lo que las más altas autoridades palestinas tienen que decir sobre todos estos temas.