MONTEVIDEO (AFP, Reuters). El gobierno de Panamá puso un inesperado fin a sus lazos diplomáticos con Taiwán para acercarse a Pekín, una victoria que se considera clave teniendo en cuenta el interés de los chinos en el uso de los canales interoceánicos de Centroamérica.
El giro de Panamá puede alentar a otros países de la América Central y del Caribe, tradicionales aliados de Taipéi, a hacer lo mismo.
Con esta ruptura quedan once países que apoyan a Taiwán en América, entre ellos Paraguay, de un total de 20 gobiernos en el mundo.
China viene expandiendo gradualmente su influencia en la región y es probable que la presión aumente para que otros países lo acepten y se alejen de Taiwán.
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No reconocido por las Naciones Unidas, pero con gobierno propio, Taiwán está separado políticamente de China desde 1949, que reclama la soberanía sobre la isla e insiste en la reunificación.
Pekín no acepta que los países con los que mantiene lazos oficiales, lo hagan también con Taipéi.
Hasta 2007, los siete países de Centroamérica reconocían a Taiwán. Costa Rica fue el primero en romper con Taipéi y volver a acercarse a Pekín.
En el caso de Panamá, es difícil de ignorar el hecho de que China es el segundo país, después de Estados Unidos, que utiliza su centenario canal interoceánico.
Solo el año pasado, China transportó a través del canal unas 38 millones de toneladas en mercaderías, es decir 18,9% del tráfico total.
En junio de 2016, un barco chino fue el primero en cruzar el Canal de Panamá ampliado.
Además, inició la construcción de un puerto de contenedores, con instalaciones de gas natural, en la provincia panameña de Colón.
El “otro canal”
¿Quién podría ser el próximo en cambiar de bando?
Analistas sostienen que el próximo sería Nicaragua, donde el capital chino tiene un preacuerdo para la construcción de otra vía que conecta los océanos Pacífico y Atlántico, destinado a competir con el de Panamá.
Según analistas, es el proyecto más ambicioso que hay en la actualidad en América Latina.
El gobierno de Nicaragua otorgó en junio de 2013 a la empresa china HKND la concesión para construir y administrar un canal por 50 años prorrogables a otro período igual.
El costo estimado de la obra es de 50.000 millones de dólares, casi cinco veces el PIB de Nicaragua.
Reacción de Taipéi
Para la presidenta taiwanesa, Tsai Ing-wen, se trata de una medida “vergonzosa” y aseguró que su país no se quedará de brazos cruzados “cuando sus intereses son amenazados y desafiados continuamente”. “Todo esto es inaceptable”, concluyó Tsai.
