Alertó sobre varios peligros que encara la sociedad actual, como “una globalización uniformadora que contribuye a desarraigar los valores de los pueblos, debilitando la ética y la vida en común, contaminada en tiempos recientes por una sensación generalizada de miedo”.
Un temor que, según el pontífice argentino, es “a menudo fomentado a propósito y que lleva a actitudes de aislamiento y odio”.
“Tenemos necesidad de ayudarnos para no rendirnos a las seducciones de una ‘cultura del odio’ e individualista que tal vez no sea tan ideológica como en los tiempos de la persecución ateísta, pero es, sin embargo, más persuasiva e igual de materialista”, advirtió.
El pontífice apostó por tender puentes con la Iglesia ortodoxa y defendió que su unidad se remonta a la época de los Apóstoles, Pedro en el caso de Roma y Andrés entre los ortodoxos, pero también están unidos por el reciente pasado de persecución, sobre todo durante los regímenes comunistas.
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El patriarca rumano Daniel y Francisco oficiaron juntos el rezo de un Padrenuestro en la nueva catedral de Bucarest, construida con ayuda financiera del Vaticano y donde Francisco expresó su deseo de fortalecer “las raíces comunes de nuestra identidad cristiana”.
La visita del pontífice se da 20 años después de la de Juan Pablo II, en 1999, una cita histórico porque fue el primer viaje de un obispo de Roma a este país de Europa del este tras su pasado comunista.