De las 16 penitenciarías que existen en el país, La Esperanza y la Granja Ita Porã son las únicas que no están rebasadas. La primera tiene una capacidad para 288 internos y actualmente tiene a 257, mientras que la otra tiene 11 reclusos, de los 12 que puede tener.
Todas las demás cárceles albergan a una cantidad muy superior a la que su estructura edilicia puede comportar y hay casos en que este exceso supera el doble de su capacidad, como Tacumbú.
Para paliar esta situación de hacinamiento, la ministra de Justicia impulsa la conclusión de obras de reacondicionamiento y ampliación de cinco centros penitenciarios, para la creación de 400 plazas en cada uno.
El miércoles último se inauguró en el penal de Coronel Oviedo dos pabellones con 200 plazas cada uno y un taller de fabricación de calzados, con maquinaria donada por el Ministerio de Industria y comercio.
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Las demás obras favorecerán a los penales de Misiones, San Pedro, Concepción y Pedro Juan Caballero y está prevista su conclusión en un máximo de 6 meses.
Paralelamente, se ultiman los detalles para la construcción de cuatro nuevas cárceles, con una capacidad total de 6.700 internos y que demandará una inversión total de 115 millones de dólares.
Una de las cárceles se construirá en Minga Guazú y otra en Emboscada, y en total albergarán a 4.000 reclusos.
Bacigalupo indicó que la cárcel de máxima seguridad tendrá capacidad para 200 personas y el cuarto penal, para 2.500 reos más, pero no está definida aún la ubicación de ninguna de las dos.
