El suceso ocurrió el sábado de mañana en una casa de la compañía Independencia del distrito de General Artigas, ubicada a 70 kilómetros de la capital departamental, Encarnación.
Las víctimas del robo fueron Juan José Esquivel Speratti, de 81 años, y su esposa Lidia Ignacia Rojas de Esquivel, de 82 años, además de una empleada doméstica.
Según la denuncia policial, un automóvil con chapa argentina se estacionó frente a la casa y bajó del rodado un hombre, quien les pidió a los ancianos agua caliente para su mate. Cuando los dueños de casa recogieron el termo a través de una ventana, fueron tomados a la fuerza, mientras otros dos hombres ya derribaron a patadas la puerta.
Posteriormente, los tres criminales maniataron a los ancianos y a la doméstica. Con armas en mano, exigieron al señor Juan José que les enseñara dónde había enterrado el termo que contenía el dinero de sus ahorros. La gavilla manejaba información precisa.
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Finalmente, el anciano accedió a desenterrar sus ahorros, que estaban en el patio y que consistieron en unos
G. 150 millones, con los cuales huyeron los malvivientes en el mismo vehículo en el que esperaba otro criminal.
Dolorosa sorpresa
En medio del susto, los ancianos contaron a la Policía que, afortunadamente, justo en el momento del asalto no se encontraban en la casa sus dos nietos que viven con ellos, una niña de 16 años y un niño de 11 años.
Este hecho llamó la atención de los policías, quienes interrogaron a los hermanos cuando estos llegaron a la casa. Al revisar sus celulares, en presencia de los abuelos, los agentes encontraron la dolorosa sorpresa, que fue relatada en el parte policial.
Los investigadores descubrieron una serie de mensajes por WhatsApp que se enviaban los chicos con su madre, la señora Basilisa Molinas, quien trabaja en Argentina.
De lo que se entiende de la conversación, que no fue explícita, es que la exnuera de los ancianos le dice a su hija de 16 años que enviaría a tres delincuentes. La niña le responde que probablemente su abuelo entierre el dinero y que cree podría resistirse al asalto. Basilisa replica a su propia hija que su exsuegro va a tener que entregar la plata y que ya les contó a los delincuentes todas las mañas del dueño de casa. La mujer también asegura a su hija que su abuelo es muy miedoso, a lo que la niña responde hasta con burla. Finalmente, la exnuera de los ancianos le dice a su hija que enviaría a verdaderos profesionales para perpetrar el golpe.
Los niños quedaron a cargo de unos tíos.
