14 de Noviembre de 2010
Afirman que la calidad del sistema educativo es la calidad de su maestro
La Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura ha trabajado en la preparación de las Metas Educativas 2021, que serán aprobadas en la cumbre de jefes de Estado el mes próximo.
El proyecto 2021 es un proyecto en el que llevamos trabajando todos los gobiernos y ministerios de educación durante dos años. Tiene objetivos educativos muy precisos. Son once metas que combinan metas más educativas vinculadas a la calidad y al acceso a la educación, pero también metas sociales para mejorar a las familias, las condiciones de los alumnos y tiene metas más propias del siglo XX y también metas del siglo XXI vinculadas a la sociedad de la información y del conocimiento.
Hay una serie de metas muy específicas. Este es un primer rango. El segundo es que es un proyecto en el cual cada país ha elaborado sus propias metas. Hay metas comunes en el sentido de que son similares, pero su concreción es específica por país.
Las de Paraguay no son las mismas que las de Brasil, ni las de Guatemala las mismas que las de México. Además es un proyecto participativo. Hemos buscado alianzas con la sociedad, los sectores sociales, las instituciones, los grandes bancos internacionales, las empresas con responsabilidad social, las instituciones de cooperación. Y finalmente es un proyecto que ha estudiado el costo económico.
En este momento el costo del proyecto para los once años son cien mil millones de dólares, para el conjunto de países. Y eso supone un compromiso de los países para hacer inversiones en educación a lo largo de este tiempo. Hemos analizado distintos escenarios económicos y hemos comprometido un fondo solidario para los países de cinco mil millones de dólares que se van a destinar fundamentalmente a aquellos países más pobres, los de Centroamérica, Bolivia, Ecuador y Paraguay.
El proyecto que se va a aprobar ahora en la cumbre es un proyecto muy pensado, muy meditado, con programas muy específicos, con los costes. Se hace en la década de los bicentenarios, lo que le da una perspectiva cultural importante.
Habla de metas para el siglo XXI, pero sabemos que existen todavía cuestiones que saldar que corresponden al siglo XIX ¿Cómo confrontan esas dos realidades?
Hemos incorporado las metas del siglo XIX y XX, que son las de acceso a la educación. El proyecto más costoso, que hemos calculado en 40.000 millones, es el destinado a la infancia, que supone oferta educativa, salud, alimentación, maestros. Si conseguimos que en el año 2021 todos los niños desde los dos años tengan una plaza, un puesto escolar en buenas condiciones eso supone ya un avance enorme para la primaria, para el aprendizaje de los niños, que llegarán ya con cuatro años de experiencias educativas.
Los déficits pendientes son el ochenta por ciento del presupuesto. Pero hay un veinte por ciento que es para las nuevas tecnologías, la capacitación de los maestros, la sociedad de la información, la investigación, todo lo que también tenemos que tener en cuenta para no perder el tren del siglo XXI.
Hablando de los docentes, se insiste mucho en que no van a perder su rol de líderes en el contexto que propone la sociedad de la información y del conocimiento, pero en la práctica se ve que muchos se sienten totalmente rebasados por lo que trae el alumno como nativo digital.
Sí y no. La docencia es un proceso de relación entre un maestro y sus alumnos para que los alumnos construyan sus conocimientos, sus relaciones y su vida. Y en eso no hay tecnologías que los sustituyan. Pueden mediatizar.
En darles experiencias enriquecedoras, o compartir proyectos, programas, el maestro tiene un papel fundamental. Ahí, en ese proceso hay que incorporar las nuevas tecnologías y ahí el maestro tiene que tener una competencia que en parte tienen los alumnos y en parte no.
Los alumnos manejan bien el computador, chatean bien, entran bien en redes sociales, buscan bien información, pero todavía eso no supone construir conocimiento. A veces digo: "No por mucho navegar se aprende más". Se tiene más información solamente. Entonces el maestro debe aportar ese plus, propio de él, de ver cómo a través de la red el alumno construye su conocimiento en sociales, en matemáticas, en arte y eso no lo hace habitualmente el alumno.
Usted sabe lo que hacen los alumnos con el computador: ver YouTube, navegar, ver algún correo. Está muy bien, pero la escuela no se trata de eso. La escuela se trata de ver qué tipo de experiencias de iniciativas, de búsquedas de información ayudan a que el alumno estructure sus conocimientos y vaya adquiriendo esquemas de conocimiento y estrategias de solución de problemas. Ese es el papel del maestro.
Hoy inclusive está en duda la validez de los conocimientos que la escuela proporciona a la luz de lo que hoy (y más en el futuro) usan y necesitan los alumnos. ¿O no ve eso cuestionado?
Sí. Eso apunta a un cambio de lo que se llama el currículum, de lo que deben aprender los alumnos. Claro, los alumnos en esta etapa de la historia y la vida deben aprender sobre todo competencias para enfrentarse a los problemas de la sociedad, competencias comunicativas, competencias matemáticas, competencias sociales. ¿Qué entendemos por competencias? Las habilidades y estrategias que tiene el alumno para en ese ámbito resolver los problemas que se le plantean.
Y, por tanto, ya no se trata de una escuela cuyo objetivo es que el alumno almacene muchos conocimientos, porque los conocimientos y la información ya están disponibles, sino que aprenda a organizarla, aprenda a secuenciarla, a tener estrategias para reflexionar sobre ella... Y en ese punto, sí, claro, el maestro tiene que situarse en ese nuevo plano, ese giro de qué es lo que necesitan los alumnos. Eso supone un modelo diferente de cómo enseñar.
Está clarísimo entonces que el proceso de transformación tiene que empezar con reeducar a los maestros o formar a los futuros maestros para ese escenario.
El proceso debe empezar por los docentes, claro. Los estudios internacionales señalan que la calidad de un sistema educativo es la calidad de sus maestros. A mayor calidad de los maestros, mayor calidad del sistema educativo.
La apuesta fundamental en los maestros es la garantía de que la escuela mejore. Yo pongo el ejemplo de los aviones, de cuando las azafatas cuentan esto de que si hay un problema y se despresuriza la cabina póngase usted la máscara de oxígeno primero y luego póngasela al niño... Pues es igual con la educación. Es póngale al maestro la máscara de sus competencias que ya verá usted cómo el alumno aprenderá bien.
¿Qué se espera que cambie con el uso de las tecnologías en las aulas?
Yo no espero ninguna gran revolución educativa. Espero que la revolución educativa venga en múltiples factores: el compromiso de la sociedad, la reducción de las desigualdades, el que los alumnos puedan acceder y tener una oferta de educación de calidad reconocida, el que los maestros tengan una preparación suficiente, que haya recursos en las escuelas, la colaboración de la familia y que haya nuevas tecnologías.
Como haya muchas tecnologías y siga habiendo desigualdades, no haya recursos no servirán para nada.
Como un observador internacional, con un panorama global de lo que ocurre, ¿qué ejemplos de buenas prácticas o iniciativas que son exitosas ve y considera que vale la pena compartir?
De las mejores que he visto en educación es cuando hay proyectos integrales. Cuando es la comunidad y no solo la escuela la que desarrolla un proyecto. Donde la escuela, los maestros, los padres, el municipio, los centros de salud, todos se involucran y hay un programa con un apoyo colectivo al trabajo que se hace en la escuela.
Esos proyectos son los que tienen más posibilidades de éxito, porque el alumno vive en la escuela y fuera de la escuela un continuo proceso de aprendizaje. Usted va a un centro de salud y ahí hay materiales, hay libros, y en las familias leen con el niño y hay bibliotecas y se les dan clases de computación a las familias.
Eso ayuda a que el niño esté en un entorno de aprendizaje, esas son las experiencias más globales y sistémicas, donde participan muchos sectores, no solo los educativos.






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