El Catecismo católico recuerda que quienes mueren en gracia y amistad de Dios, pero no perfectamente purificados, pasan después de su muerte por un proceso de purificación, para obtener la hermosura de su alma. La práctica de orar por los difuntos es sumamente antigua. El libro 2º de los Macabeos en el Antiguo Testamento dice: “Mandó Juan Macabeo ofrecer sacrificios por los muertos, para que quedaran libres de sus pecados” (2 Mac. 12,46).
Mucha gente visitó ayer el Cementerio del Sur que se habilitó en 1964. Abarca cinco hectáreas.
Actualmente alberga a 98.000 difuntos. El año pasado recibió 822 muertos y a esta altura del 2013, ya suman 790 sepultados.
