En la jornada de hoy, el denominador común en los hogares paraguayos será la conversación acerca de los regalos que faltan, las compras de último minuto y el menú de Nochebuena. Algunos optarán por pavo, otros por cerdo. Habrá quien recurra al remanido asado y hasta a los platos vegetarianos.
La discusión sobre el menú está lejos de ser un tópico obligado para las más de 16.000 familias desplazadas por la crecida del río Paraguay en Asunción.
En el Bañado Norte, específicamente sobre la calle Lombardo, cientos de damnificados coparon ambos lados de las veredas y ya no hay espacio para más personas. Esto obliga a los nuevos desplazados a buscar otros lugares, preferentemente casas de alquiler, que también escasean por la alta demanda que trae consigo el éxodo de los inundados.
Al encontrar espacio, ya sea en refugios o en alquiler, el drama es otro: el transporte. Una familia bañadense promedio puede vaciar su casa con aproximadamente siete viajes en motocarro, desde la vivienda hasta el destino. Este medio es el más requerido por su economía y agilidad, ya que un camión fletero se mueve por más dinero y, al tratarse de zona inundada, tiene un precio mayor.
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Promediando, el agua crece media cuadra por día. Es ese el parámetro que manejan los bañadenses que, al ver que el agua está cerca de sus casas tienen un día de tiempo para apilar bolsas con arena para desviar el curso de la crecida o bien, optar por la mudanza.
Pedro Taboada, vecino del Bañado Norte, dijo que el problema no termina en la mudanza porque, al llegar a los refugios, los damnificados deben enfrentarse a los vecinos de la zona. Son tres los focos que pueden desatar conflictos: el pedido de dinero conocido popularmente como “pecheo”, la música a alto volumen y la ingesta de bebidas alcohólicas.
La minoría que ocasiona disturbios genera inconvenientes a todas las familias del refugio.
Ayer, el río Paraguay llegó a los 7,61 metros en Asunción. El agua no solo amenaza los bañados, sino también los refugios.
olopez@abc.com.py / Fotos: David Quiroga
