“Estoy muy feliz, muy agradecido por seguir viviendo”, dijo con una voz menguada y entrecortada y con lágrimas en los ojos el capitán Cornelio Ruiz Díaz. No era para menos: sobrevivió a una cruenta guerra y estaba cumpliendo 105 años en medio de una gran fiesta que prepararon sus hijos, nietos, bisnietros y tataranietos.
Recordó a sus compañeros de la guerra y algunos dolorosos detalles de la contienda, como las carencias que tuvieron que soportar en tierras chaqueñas con su batallón Valois Rivarola.
Durante el conflicto con Bolivia que duró tres años (1932-1935) el capitán Ruiz Díaz, que contaba con unos 20 años, perdió parte de la visión. Las personas deben elevar su tono para que pueda escuchar y mantener una conversación, porque también perdió parte de su capacidad auditiva. Tampoco puede caminar bien.
Don Cornelio, según sus familiares, es el último sobreviviente de los Diablos Verdes, del batallón Valois Rivarola. Llegó al grado de Capitán. A lo largo de su vida recibió muchas condecoraciones, pero no una atención del Estado como debería.
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Tuvo 12 hijos, de los cuales seis siguen con vida. Dos de ellos residen en la ciudad de Curitiba (Brasil). Cuentan sus familiares que don Cornelio tiene más de 60 nietos, más de 15 bisnietos y cinco tataranietos. “Ya perdimos la cuenta de cuantos nietos y bisnietos tiene”, señaló su hija María Lidia Ruiz Díaz, que junto a sus otros hermanos y sobrinas prepararon un gran almuerzo familiar a don Cornelio por sus 105 años.
María Lidia comentó a nuestro diario que el capitán ya tiene la salud precaria. Tiene su médico, pero para acudir a las consultas o cualquier emergencia de salud es bastante difícil trasladarlo porque perdió la movilidad.
Considera que el Estado debe dar una atención preferencial a las personas como su padre, que en algún momento expusieron su vida en defensa de la Nación.
Quedan menos de 300 héroes
De acuerdo a los últimos datos del Ministerio de Hacienda son alrededor de 280 excombatientes de la Guerra del Chaco que hoy día continúan con vida.
Muchos están viviendo en el más doloroso olvido por parte de las instituciones gubernamentales, pese a que dieron todo en defensa de los intereses de la patria por tres largos años.
Los reconocimientos se limitan a actos protocolares cada año en la institución militar encabezada por el titular del Poder Ejecutivo de turno y luego vuelven a ser olvidados todo el resto del año. Los últimos héroes del país que siguen con vida necesitan de una atención geriátrica preferencial por parte del Estado.
