Al acto asistió el presidente de la república Federico Franco, al igual que varios obispos del Paraguay y el nuncio de su santidad, Mons. Eliseo Antonio Ariotti.
En su homilía, Valenzuela invitó a construir una nación con valores humanos y cristianos, buscando grandes consensos, y a aprender de nuestros errores, y a proyectar un futuro cada vez más noble y digno. Invitó a todos los que tienen autoridades a trabajar por la dignidad de cada persona y por el bien común, con los valores que proceden de nuestros signos patrios: paz y justicia, libertad, unión e igualdad, que para los cristianos se expresan en el único mandamiento de amor a Dios y al prójimo.
Al recordar a la Virgen de la Asunción, dijo de ella que es la patrona de la arquidiócesis, y como tal es la patrona de la ciudad y también del Paraguay, que como país soberano nació bajo su patrocinio y seguirá recibiendo de ella abundantes bendiciones.
En otro momento, sostuvo que la Iglesia Católica en Paraguay ha sabido evangelizar a la luz de la Asunción de María. “Ante tantos males que nos acechan y ocurren, atentando contra la dignidad de la persona y de las familias denigrándolas, Jesucristo en el Evangelio, y la enseñanza del Magisterio del Papa y de los Obispos nos llaman a la conversión personal y pastoral, como actitud permanente de vencer el mal que no tiene la última palabra, pues en la historia siempre triunfará el amor de Dios”, indicó.
Autocrítica
Valenzuela hizo una autocrítica a la evangelización, y reconoció que no ha llegado a lo más profundo del corazón humano, para despertarlo en su dignidad de hijo e hija de Dios, debido a los condicionamientos adversos de las debilidades propias y de culturas advenientes que ponen en peligro la comunión eclesial y la fidelidad a la fe cristiana.
Sin embargo, consideró que hoy, como hijos y devotos de la Virgen de la Asunción, se debe poner nuevamente los ojos en el horizonte del evangelio de la vida y de la paz, de la justicia y del amor.
Finalmente, instó a saber amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo, y que con su ayuda se busque el bien de todos: necesitados, enfermos, desvalidos, campesinos, indígenas y pobres.
Luguistas desubicados
Un grupo de luguistas desubicados incidentaron ayer el inicio de la misa, en su afán de escrachar al presidente Franco, a quien trataron de “florero y vendepatria” en sus carteles. De los obispos dijeron que eran “golpistas”. Los manifestantes prácticamente fueron echados por los policías por perturbar a fieles que fueron a misa para escuchar la palabra de Dios. Algunos fieles les gritaban desubicados y les pidieron que se retiraran del lugar y así lo hicieron.
