Esteban asegura que la clave para lograr el éxito en el exigente ingreso es tener vocación. Pese a que en su familia no hay médicos, desde pequeño se inclinó hacia la profesión. “Es lo que creo que me hará sentir realizado y feliz”, manifestó.
Esteban cumplió esta rutina durante un año: de 7:30 a 17:00 iba al cursillo; descansaba hasta las 19:00, y luego estudiaba hasta las 23:00. Sus amigos le reclamaron su “desaparición” hasta de las redes sociales. Reclamos de la novia no hubo, ya que ella también se preparaba para ingresar. Él al segundo intento, y ella, al primero. Eso sí, fueron competencia, pero simplemente con la intención de mantenerse motivados, contó.
En el proceso, vio que algunos compañeros estudiaban porque sus padres les obligaban, lo cual se notaba. “La mayoría que no se pone las pilas es porque realmente no quiere”, reflexionó.
