Itapytãpunta se tornó zona roja tras la migración de fábricas y negocios

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En el paradisiaco pero relegado barrio de Itapytãpunta la vida de sus moradores tiene un gran contraste con el paisaje. De día el ambiente es muy familiero pero por las noches se convierte en “zona roja”. Los portones de las casas se cierran ante el peligro de varias manzanas deshabitadas. El esplendor de la “era industrial” se fue con la migración de las fábricas.

 

“Hay muchos cambios. Antes los hogares eran de paja y de madera, ahora las casas están más lindas, pero todas enrejadas”, se lamenta Francisca González, quien vive en Itapytãpunta desde hace 58 años. Relata que el barrio “se mantenía despierto” gracias a los negocios, las fábricas y hasta las paradas de colectivos que agrupaban a gente hasta altas horas en las calles. “Ahora es una zona roja, porque los negocios se fueron y solo quedaron los predios deshabitados”.

En este peculiar barrio marcan presencia algunas industrias clausuradas como la antigua sede de la desmotadora de algodón Itasa.

Otra grave situación para los pobladores es la venta de drogas. Uno de los emblemáticos lugares afectados por este problema es el mismo mirador de Itapytãpunta, principal zona de venta de estupefacientes, según vecinos. De noche, las personas ya no se animan a visitarlo.

Los estudiantes de la Facultad de Filosofía de la Universidad Nacional de Asunción (UNA) son los que más sufren por la inseguridad. Sus clases se desarrollan hasta las 22:00 y la mayoría debe esperar por los colectivos. Por el lugar, pasan las líneas 56, 36 y 29, pero todas dejan de prestar el servicio tempranamente y no es seguro subir a un bus después de las 21:30.

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Por eso, los alumnos se ven obligados a caminar varias cuadras, a veces solos, exponiéndose a riesgos. Son normales los relatos de haber sido asaltados por peajeros o jóvenes drogados.

Pese a los problemas, los lugareños aman su barrio y quieren que la situación mejore. Petrona Vda. de Gamarra, dueña de la despensa “Gamarra”, que abrió hace más de diez años, asegura que antes había más venta, porque las fábricas funcionaban. Incluso les afectó el cierre de la Parada de la Línea 59.

De las Nieves Martínez, nacida en el sitio y casi 90 años, recuerda que el empedrado llegó en el 60 y el asfalto en el 70. Nunca se hizo una repavimentación. Como ella, los vecinos claman más atención de la Municipalidad.

Fotos: Arsenio Acuña y David Quiroga.