El sacerdote dijo que monseñor Carlos Milciades Villalba se preocupaba mucho por la vocación sacerdotal y religiosa.
“Dio impulso a la formación eclesial, así como de seminaristas, porque cuando vino, y hasta ahora, había pocos sacerdotes en la diócesis de Misiones y Ñeembucú”, dijo.
Ocampo, quien se formó con monseñor Villalba, dijo que el obispo fue hombre de mucha oración y de profunda espiritualidad. “Además de enseñar a través del evangelio, tenía una disciplina férrea que nos legó como sacerdote y obispo”, manifestó.
Por su parte, una agente de pastoral que trabajó muy de cerca con monseñor Villalba, Martina Martínez de Ferreira, calificó a Villalba como un gran pastor sabio, prudente, firme y coherente.
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“Fue un obispo muy espiritual que nos daba sostén y fortaleza para trabajar en la pastoral”, señaló Martínez de Ferreira.
Añadió que los ojos del obispo estaban centrados en los seminaristas, en la formación de nuevos sacerdotes y en los laicos. En ese sentido, organizó cursos de formación laical y de agentes de pastorales.
Martínez de Ferreira recordó que cuando llegó monseñor Villalba, en el año 1978, integró la Cofradía Sagrado Corazón de Jesús. “No era su papel, pero se compadeció de nosotros y fue nuestro asesor espiritual”, dijo.
Recordó a Villalba como un pastor sencillo, pero tímido y sensible al dolor ajeno. “Fue un gran pastor, guía espiritual, solidario, coherente y sabio”, concluyó Martínez de Ferreira.
