Legalización no, investigación sí

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Mathías tiene hoy 16 años y sus primeras convulsiones se presentaron cuando tenía 4. Al hoy adolescente le diagnosticaron una epilepsia refractaria y los ataques eran una cuestión diaria.

Hace más de un año, su madre, Zulma Sanabria de González, decidió aceptar la sugerencia de su médico y acogerse al tratamiento con aceite de cannabidiol. Cuando le llegó la idea, comenzó a buscar más información sobre el medicamento y se topó con casos de resultados muy favorables.

Zulma tuvo que lidiar de manera casi solitaria con los trámites burocráticos y pelear contra los “no” iniciales que le daban, puesto que la utilización del medicamento no era legal, ya que la producción de cannabis está penada en nuestro país.

Tras una gran lucha, consiguió el permiso y hoy Mathías muestra resultados cada vez más favorables.

Altos costos

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Importar los medicamentos representan costos muy elevados para estas familias. El frasco más pequeño, de 118 ml, cuesta unos 100 dólares la unidad; mientras que el más grande, de 5.000 ml, cuesta unos US$ 239, esto ya gracias a un importante descuento otorgado por la empresa que eligieron, la estadounidense HempMeds.

A ello hay que sumarle otros gastos como la compra de medicamentos que aún deben consumir los hijos, cuidadores y hasta pañales en algunos casos. Es por eso que desde hace algunos meses unas 60 familias decidieron nuclearse en una asociación llamada CaMedPar (Cannabis Medicinal Paraguay).

“Lo que buscamos no es la legalización de la marihuana, sino que el Estado nos ayude. Pedimos que se plantee el subsidio de la compra del medicamento y autorice la investigación necesaria para la elaboración del mismo a nivel local”, señala Myriam Pompa.

Hasta el momento, no han recibido aún respuesta alguna a estos pedidos. Eso sí, ellos van a insistir.