Son los descartables del Estado que sobreviven en la miseria y el abandono total, en medio de una sociedad también indiferente.
A los pequeños se los ve durmiendo rendidos en las veredas. Sus aspectos harapientos dicen que hace tiempo no se han bañado, lucen ropas sucias y rasgadas. Viven de la caridad.
En esas mismas condiciones sobrevive otro grupo de adolescentes y adultos, también abandonados. Y completan este cuadro de la miseria los enfermos mentales, que recorren balbuceando palabras, como si buscaran compañía para hablar.
En una breve recorrida por las calles Palma y Estrella, esta es la realidad.
Si revisamos la Constitución Nacional, varios artículos están a favor de ellos. Y la pregunta que surge entonces es ¿quién debe encargarse de ellos? y la respuesta es el Estado, con sus tres poderes. Sin embargo, los exponentes de esos tres poderes más bien se preocupan de llenar sus bolsillos, de sus lujos y de que cada día coman mejor, y se olvidan de estos compatriotas que por lo menos merecen un albergue.
