También citó que solo en la capital hay un cinturón de pobreza de unas 250.000 personas y que se estima que más del 60% de la población del país vive con grandes preocupaciones. Afirmó que el sentido de María Auxiliadora es justamente auxiliar a los demás: el médico, desde la cabecera de la cama de un enfermo; el maestro, desde la escuela, y así cada profesional desde su ámbito.
Defender la familia
El religioso instó a defender la familia y dejó como tarea a los asistentes que se encarguen de formar para el matrimonio a tres parejas de sus barrios que ya viven juntos, pero que todavía no están dentro de la institución del sagrado matrimonio. Con oraciones, se pidió que las autoridades promulguen leyes a favor de las familias y por el bienestar de las personas que fueron afectadas por la creciente del río Paraguay.
Ayer, antes de la misa central, los alrededores del santuario se convirtieron en el escenario de una gran fiesta de aclamación mariana. La gente no solo acompañaba en gran número la procesión, sino que también lo hacía desde los balcones, desde el patio de sus casas y desde las veredas. Como pocas veces sucede, el festejo reunió a jóvenes, niños y adultos mayores bajo una misma devoción. Los cánticos, las alabanzas y los petardos que rompían el silencio de la tarde ganaron las calles mientras el cielo se debatía entre nubarrones y escasos rayos de sol. “Pensé que nos íbamos a mojar, pero sin duda nuestro Señor no permitió eso”, dijo Valenzuela ni bien tomó su puesto para la misa. Esta fiesta mariana se celebra desde 1896, cuando llegaron los primeros salesianos.
