Reiteró que no solamente a nivel de manos se puede producir el daño sino también del conducto auditivo. Puede ocurrir rotura de tímpano o daños oculares. Lamentó que por falta de atención, niños acompañados de sus padres pasan en el hospital un día de fiesta, en lugar de estar reunidos en familia.
De acuerdo a su experiencia de más de 20 años, generan quemaduras de primero hasta tercer grado las estrellitas, fosforitos y las luces de bengala. Los que ocasionan traumatismo que llevan hasta amputaciones de miembros están hechos de pólvora negra con aditivos de purpurina, azufre y antimonio, mezcla que le da un mayor poder explosivo al petardo. Por eso hay que tener cuidado con las bombas conocidas como cebollita, cebollón, rompeportón y lágrima. Hay también fuertes y peligrosos explosivos, como los cohetes, fuegos artificiales, bombas 1 x 3, 1 x 12, 1 x 33, entre otros.
Explosivos y alcohol
El profesional resaltó que de los atendidos por percances con petardos, el 85 por ciento de los jóvenes y adultos tienen intoxicación etílica. Marín reiteró que los padres deben tener en cuenta que cuando compran un artefacto pirotécnico eligen el daño que van a producir a su hijo, que llevará “una vida desgraciada”, sin todos sus miembros.
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El especialista recomendó que en lo posible no se utilicen petardos. En caso contrario, pide que la manipulación de los artefactos pirotécnicos esté a cargo de una persona mayor que no se encuentre bajo los efectos del alcohol. Menciona que nunca la explosión de petardos debe realizarse dentro de la casa ni en lugares cerrados.