Ángela González es la vecina quien denunció la fuga de lixiviado del vertedero Cateura, contra el plan de gestión aprobado por la Seam. Por su coraje, ella soporta el acoso y amenaza de la gente de la empresa Empo SA y de algunos vecinos que se ponen la camiseta de dicha firma.
“Los vecinos, quienes vivimos frente al canal de lixiviado, soportamos la contaminación, ya que el líquido es largado a la noche hacia la laguna o desborda con las lluvias”, resaltó indignada la vecina.
Ángela denunció que Marina Pérez, funcionaria de la Municipalidad de Asunción comisionada en el vertedero Cateura desde hace más de 10 años, prácticamente es una funcionaria más de Empo SA y que le amenazó con “algunas sanciones” si no desmentía las acusaciones. “Luego me ofreció que me iba a dar lo que quería, pero son puro promesas”, indicó.
Una “fortaleza”
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Al vertedero Cateura no se puede entrar, pese a ser un predio municipal. La firma Empo SA funciona como una fortaleza, totalmente rodeada de tejidos, con guardias armados que andan sobre motocicletas.
Conforme con el contrato con la Municipalidad, debió mudarse en febrero de 2006, pero logró evitar la rescisión de contrato por 9 años seguidos.
Ayer, un equipo de la Seam, integrado por Julio Ferreira, del departamento de Residuos Sólidos, y Raúl Alonso, de Fiscalización, realizó un recorrido por el entorno del vertedero, pero no constataron ninguna fuga debido a que se realizaron en la mañana de ayer trabajos presurosos para canalizar más el sitio por donde circula el lixiviado.
La Seam había renovado la licencia ambiental a la firma Empo SA, pero bajo condición de que iniciara el proceso de cierre definitivo.
Conforme con las fotografías aéreas captadas con el dron de este diario, se pudo constatar que no se están realizando los trabajos de relleno sanitario, y que el vertedero no es otra cosa que un depósito abierto de acumulación de basura.
También se observa que los más de mil toneladas diarias de basura que ingresan allí generan mucho lixiviado que va a una segunda pileta, que aparentemente no reúne las condiciones para almacenar miles de litros de tóxicos contaminantes, que apeligran al río Paraguay.
