Esta tragedia que entristeció a miles de personas pudo haberse evitado. Desde hace varios años se venía hablando de que los árboles de eucalipto plantados a lo largo de un tramo de dos kilómetros de la ruta ya sobrepasaron su vida útil y se constituyen en un peligro para los que circulan por la zona.
En los últimos veinte años varios de estos árboles cayeron por efecto de las tormentas. En los casos anteriores solo obstruyeron por cuestión de minutos u horas el paso por la ruta.
Una semana antes de la tragedia de víspera de Navidad se produjo una fuerte tormenta en la zona y cayeron cinco árboles. El hecho causó el corte de la vía por cuatro horas.
Este hecho fue publicado y las autoridades competentes estaban al tanto de la situación. Sin embargo, nada propusieron para solucionar el problema definitivamente.
Ahora se buscan culpables por la falta de acciones y la inoperancia, comenzando de las autoridades locales, departamentales y nacionales. También a los responsables del Centro de Investigaciones Hernando Bertoni, dependiente del Instituto Nacional de Tecnología Agraria (IPTA), en cuyos dominios se encuentra el eucalital.
Resulta paradójico y absurdo que en un país donde el índice de deforestación es el más alto de América, se cuiden y protejan tanto unos árboles que prácticamente nada aportan al medio ambiente. Existen varios proyectos de eliminar esos árboles muy viejos y reemplazarlos por árboles nativos, como el tajy.
Solo falta que uno de los organismos de aplicación o el mismo IPTA ponga manos a la obra y lleve a cabo dichos proyectos para evitar que sigan ocurriendo muertes de personas a causa de una desidia criminal.
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