Acecho criminal

Este artículo tiene 9 años de antigüedad

A pesar de ser una frontera de intenso comercio legal e ilegal, Salto del Guairá logró mantenerse alejada de la criminalidad cotidiana, como ocurre en otras ciudades fronterizas de semejantes características.

No es una ciudad virgen en cuanto a asesinatos relacionados a los negocios de frontera, como el tráfico de drogas y el contrabando de cigarrillos. Pero los índices se mantienen dentro de lo “aceptable” para una ciudad que se precia de ser tranquila.

La situación, no obstante, se mantiene al filo de la navaja. La violencia que trae consigo el narcotráfico, sobre todo, busca enseñorearse a través de los emisarios de la muerte que vienen más del norte y del Brasil.

La batalla por mantener la condición de “ciudad de los grandes shoppings”, “la España’i de Paraguay”, etc, es cada vez más difícil porque la población crece constantemente y aquellos pioneros que aprendieron a amar y defenderla, ya casi no están.

A todo eso se suma la creciente corrupción policial y de la justicia que por muy poco, en más de las veces, sucumbe totalmente bajo el tentador poder del dinero que produce el tráfico de droga y de armas. La urbe y su gente quedan en segundo plano.

Pero el buen nombre de Salto del Guairá debe prevalecer. Su fama de ciudad comercial y turística tiene que mantener bajo su sombra los hechos delictivos cuya fuerza puede pervertir la buena imagen ante el menor descuido.

Es hora de que los llamados nuevos hijos de Salto, los que llegaron ayer detrás de una oportunidad mejor en la vida, tomen la posta junto a los pioneros y ser parte de la guerra contra quienes acechan a la población con la muerte.

Salto no nació para ser una segunda Pedro Juan. Aquí se repudia la muerte como herramienta de zanjar cuentas y no es un tema negociable, ni ahora ni para el futuro. Lastimosamente el Estado está casi ausente, por lo que no queda más remedio a la gente decente que remangarse y defender la ciudad que la cobija.

rduarte@abc.com.py