Los pensadores rioplatenses, en la posguerra del 70, idearon la crispación política precisamente para una pelea interna partidaria que impida el crecimiento del país que había quedado hecho cenizas. Así nacieron bajo el influjo del liberalismo ambos partidos tradicionales: el Centro Democrático (Partido Liberal) y la Asociación Nacional Republicana (ANR). Después adoptaron ideas contemporáneas y sociales, pero solo en teoría; en la práctica siguen los enredos y luchas intestinas por el poder y para beneficios personales y de grupos.
Actualmente, la falta de coherencia y de principios de ciertos dirigentes conduce a nuestro país hacia la inseguridad y la incertidumbre, cuando la ciudadanía necesita paz social, basada en el diálogo y el entendimiento. La violencia no es el camino apropiado para la democracia.
En esta lucha se enfrentan dos líderes sanjuaninos: Blas Llano y Efraín Alegre. Ambos tomaron caminos distintos, al parecer imposible de encontrarse y coincidir en un mismo objetivo político. Efraín rechaza la enmienda constitucional para la reelección presidencial (pretendida por Horacio Cartes, Fernando Lugo y Nicanor Duarte Frutos) y defiende la directiva de su partido que busca la alianza democrática. Blas, por su parte, tomó otro “rumbo”: apoya la enmienda para habilitar a Lugo a ser presidente de la República en el marco de un plan de concertación. De paso respalda la ambición cartista y de Nicanor.
Esta crispación es promovida tras bambalinas por mercaderes de la política que están agazapados a la pesca para sacar tajadas, sea a nivel departamental o nacional. Es el poder fáctico (poder detrás del poder) que ya causó inestabilidad política, atraso y mucho daño a nuestro país. Con ideas torcidas están metidos en la política partidaria, como herencia de un cacicazgo prebendario y clientelista.
Todos los beneficios, en un solo lugar Descubrí donde te conviene comprar hoy
rmontiel@abc.com.py