26 de junio de 2017 - 22:06
Adicción a las drogas, un mal social
Este artículo tiene 8 años de antigüedad Todos los días salen noticias sobre adolescentes y hombres jóvenes acusados de robar, matar o violar. No son los únicos que cometen delitos, pero sus casos son los que llenan la prensa principalmente televisiva, todo esto acompañado de informaciones que hacen escuchar no solo una campana, sino la que determinada línea de prensa dispone. La semana pasada miraba el caso de un joven, de tantos, que tras las rejas contaba lo que había ocurrido, por qué robó, etc. Relató lo que hizo en la forma y vocabulario que tenía y podía. Sabemos que no es fácil contar una historia, mucho menos defenderse después de haber cometido un hecho delictivo. En este caso, la cronista, quien tiene muchos años en el oficio, directamente sacó sus conclusiones oficiando de juez y fungiendo de verdugo. ¿Con qué derecho se toman ciertos cronistas estas atribuciones? De esta manera echan más frustración al público y no aportan ninguna solución. Quiero creer que existen más periodistas con ética y claridad en su función. El joven, que había robado (creo que un celular), dijo que él perdió su trabajo, también a su novia, por la adicción al crack. Se reconoció culpable por esto y pidió ayuda. Minutos después, cambiando de tono, contestó que robó porque la víctima se descuidó de tal manera que todo le fue muy fácil. En fin, detalles que la cronista tomó a su gusto o tal vez no tenía capacidad para captar los mensajes no dichos oralmente, saliéndose por completo de su labor de narrar el caso de manera imparcial. Todo delito merece un proceso, y para juzgar están las instancias correspondientes. Además casi nunca se reporta la historia familiar de estos jóvenes, algo que es imprescindible, y no para perdonarlo, sino para comprender y así generar otros pensamientos y encauzar reclamos coherentes, posibles.
Ese fue un solo caso, pero aumentan los jóvenes que caen en las drogas y luego inevitablemente en la delincuencia. Cualquiera que haya tenido un familiar, amigo o haya trabajado de cerca en esta situación sabe a qué me refiero. Nuestro diario estuvo sacando una serie de noticias sobre la adicción a las drogas en nuestro país, enfocando correctamente que no es algo aislado o de ciertas personas sino de toda la sociedad, y el poco interés y ayuda que se le brindan al Centro Nacional de Control de Adicciones. Es deber de las autoridades crear y sostener en la acción políticas públicas para encarar este flagelo. Se dice que para acabar con la serpiente hay que cortarle la cabeza, entiéndase, pues, que si no se corta desde arriba, en el medio nos pasaremos deseando que los de abajo desaparezcan como si esto acabara con el mal. La falta de interés gubernamental y la insensibilidad generalizada son dos enemigos del bienestar común.
Las cárceles están llenas de jóvenes. La peor parte se la llevan los varones, ya que, aunque en los barrios marginales las mujeres también se drogan, la prostitución es una manera de sobrevivir sin ser denunciadas ni perseguidas.
Así como hay voluntad para otros grupos, lo mismo merecen estos jóvenes abandonados, no escuchados, sin familia ni gobierno alguno.
A pesar de que los casos van en aumento, todavía estamos a tiempo de recuperar muchas vidas y muchas familias.
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