05 de Febrero de 2012
Aftosa
La aparición de la fiebre aftosa en San Pedro, con la consecuente suspensión de la exportación de carne, ha tenido amplias repercusiones para muchas familias que dependen de la larga cadena de fuentes de trabajo, que genera la ganadería. Representa un duro golpe para economías familiares débiles y también para algunos ganaderos, que ya ejecutaron sus próximas inversiones que ahora quedaron sin los fondos esperados.
Pero, mirando un poco más allá, se observa que la salud animal siempre fue manejada por el Servicio Nacional de Calidad y Salud Animal (Senacsa) y las comisiones zonales, como si todo estuviera bajo control. Preguntas más allá de la mera información molestaban, porque se trataba de un negocio redondo que no hay que perturbar.
A los inspectores internacionales se les dio un trato de estrellas intocables de otro mundo, cuyas agendas fueron manejadas en el Chaco casi como si se tratara de un secreto estatal, evitando cualquier contacto con la prensa, para asegurar la próxima certificación.
Hasta la fecha, el sector ganadero no entiende que por cuestiones de transparencia también a estos señores hay que comprometerles con la opinión pública, in situ.
La exportación de carne ha sido un negocio redondo en los últimos 10 años para muchos ganaderos. A algunos de ellos les cambió la vida y comenzaron a vivir en un mundo paralelo, fuera de las preocupaciones socioeconómicas en que está sumida gran parte de la población del país.
A estos nuevos ricos cada vez menos les interesa saber cómo luchan miles de familias para mandar a sus hijos a la escuela, darles el pan de cada día o la posibilidad de una capacitación laboral. Lo que sí les preocupa es el precio de las próximas tierras a comprar, el modelo de la nueva camioneta, la avioneta para la estancia o el calendario de algún crucero en el Atlántico.
Algunos empresarios del sector frigorífico ya habían comenzado a saborear la vida del jet set, ufanándose en ferias internacionales de la carne que ofertaron, hasta que apareció esta maldita aftosa. Pero el brote nos da un poco de tiempo para reflexionar sobre fallas técnicas en el sistema de vacunación.
mduerksen@abc.com.py
Pero, mirando un poco más allá, se observa que la salud animal siempre fue manejada por el Servicio Nacional de Calidad y Salud Animal (Senacsa) y las comisiones zonales, como si todo estuviera bajo control. Preguntas más allá de la mera información molestaban, porque se trataba de un negocio redondo que no hay que perturbar.
A los inspectores internacionales se les dio un trato de estrellas intocables de otro mundo, cuyas agendas fueron manejadas en el Chaco casi como si se tratara de un secreto estatal, evitando cualquier contacto con la prensa, para asegurar la próxima certificación.
Hasta la fecha, el sector ganadero no entiende que por cuestiones de transparencia también a estos señores hay que comprometerles con la opinión pública, in situ.
La exportación de carne ha sido un negocio redondo en los últimos 10 años para muchos ganaderos. A algunos de ellos les cambió la vida y comenzaron a vivir en un mundo paralelo, fuera de las preocupaciones socioeconómicas en que está sumida gran parte de la población del país.
A estos nuevos ricos cada vez menos les interesa saber cómo luchan miles de familias para mandar a sus hijos a la escuela, darles el pan de cada día o la posibilidad de una capacitación laboral. Lo que sí les preocupa es el precio de las próximas tierras a comprar, el modelo de la nueva camioneta, la avioneta para la estancia o el calendario de algún crucero en el Atlántico.
Algunos empresarios del sector frigorífico ya habían comenzado a saborear la vida del jet set, ufanándose en ferias internacionales de la carne que ofertaron, hasta que apareció esta maldita aftosa. Pero el brote nos da un poco de tiempo para reflexionar sobre fallas técnicas en el sistema de vacunación.
mduerksen@abc.com.py






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