En Paraguay se comienza el mes tomando bien temprano el “carrulim” (básicamente caña, ruda y limón) a modo de espantar todo lo negativo que pueda llegarnos, uno de los males es la impulsividad (propia o de otros), ya que se dice que en este mes los nervios afloran al más mínimo percance. También se dice que este mes se lleva a los más débiles: enfermos y ancianos.
En la ciudad, por ciudad y porque los tiempos cambiaron, no todas las personas cumplen el rito del carrulim; recordemos que tenemos amplia mayoría joven, ya alejada de lo folclórico. No obstante, en nuestro país todavía muchos conservan fuertemente la costumbre, entre chistes les vale este cóctel poderoso para echar “la mala onda” de su entorno personal.
Coincidiendo con el Día de la Pachamama, y aprovechando la moda del naturalismo (corriente que ojalá algún día sea política masiva) es una fecha muy válida para religarnos a la madre naturaleza y pensar que sin ella no podríamos vivir ni desarrollarnos.
Paralelamente al de la “yvy”, es interesante sumar otras cosmovisiones indígenas, ya que todas tienen el mismo valor dentro del pensamiento y la cultura integral de la humanidad.
No sé cuántas personas darán un minuto de su tiempo, pero sería bueno considerar el homenaje a la pachamama, para pensar en los alimentos y los elementos naturales que nos fueron prestados, instalar en la charla de la semana no solo el humor del mareo provocado por el carrulim, sino alguna lectura o comentario que nos haga centrar nuestra atención donde descansamos nuestros pies: la tierra, la subsistencia.
No hay creencia popular que no tenga sentido comunitario, por eso tras el carrulim, hay también un deseo de llevarnos mejor, de una mejor convivencia. Cierto es que con la crisis que sufrimos, no solo agosto será un mes denso, pero vale lo simbólico para promover la bonanza.
Demasiadas cosas tenemos que reflexionar sobre la tierra bendecida que nos ha tocado, esa que no terminamos de admirar cuando nos regala tantos mundos dentro de uno.
Siendo un país esencialmente campesino, donde jamás debió faltar alimentos para todos, no tenemos ningún día en que celebremos, reflexionemos ni agradezcamos la naturaleza en la que hemos nacido o elegido como lugar de vida. La tierra no pertenece al hombre, sino el hombre a la tierra, si entendiéramos esto otra sería nuestra realidad.
Tomemos con profundidad el tiempo de la caña, el limón y la ruda, productos recogidos de nuestra casa grande. “Una casa hay en alquiler/Donde el dueño no cobra renta/Sin embargo nadie lamenta/De su mal uso por doquier/Qué insensatos han de cometer/Es nuestra pachamama bondadosa…/Aire, agua y energía nos regala/ Y a sus afrentas, de perdón hace gala/Devolviendo por cada insulto una rosa (Décima en honor a la pachamama).
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