En los actuales tiempos en que la tecnología de la comunicación y de transporte prácticamente eliminan tiempo y distancias, en que las fronteras se flexibilizan mediante el comercio internacional cada vez más dinámico y abarcante, en que el mundo entero adquiere configuración de aldea global donde al minuto sabemos lo que pasa al otro lado del planeta, y desde un gabinete y con un teclado se concretan operaciones comerciales en los cuatro puntos cardinales, la creación de nuevas fronteras y la atomización de los territorios internos parecen ir de contramano.
A menos que estas iniciativas respondan –y todo apunta a que es así– a intereses de caudillos de barrio que pretenden crear su aldea propia, desde donde ejercer sus parcelas de poder, manotear los recursos públicos, y disponer de los cargos para sus allegados.
Sin dudas el deseo de desarrollo y mejoramiento en la calidad de vida de las comunidades es un derecho inalienable y totalmente legítimo. Y los reclamos que plantean algunas comunidades, como en el caso de Encarnación, los barrios Santo Domingo e Itá Paso, está plenamente justificado tras tantos años de abandono.
Dividir esfuerzos y recursos, sin embargo, no parece ser el camino correcto. Y un ejemplo que está en las antípodas de esta intención de separación y división lo encontramos en los distritos de Hohenau, Obligado y Bella Vista, las llamadas Colonias Unidas, donde hace unos años surgió la idea de fusionar los tres municipios en uno solo, y aunar esfuerzos y recursos para un mayor desarrollo económico y social. El modelo de trabajo y el nivel de desarrollo alcanzado por estas comunidades hablan por si solos.
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