Algo está pasando

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El grupo volvió a reunirse luego de mucho tiempo.

Era la misma mesa del bar en la que se creían capaces de solucionar todos los problemas del mundo en una madrugada. 

Naturalmente la reunión comenzó con el temario de siempre: fútbol, damas y delirios sobre algún negocio, aunque en esta ocasión se le fueron agregando medicamentos, enfermedades y consultas a médicos, señal del inexorable paso del tiempo. 

Llegó luego el gran tema de la noche: las movilizaciones ciudadanas contra la corrupción. 

–Es histórico lo que pasó, y no estamos dimensionando –disparó el primero– con sus protestas la gente echó a un parlamentario –agregó, recordando el caso del ahora exdiputado José María Ibáñez. 

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–Sí, pero ahí también la prensa presionó –le respondió otro, intentando minimizar la movilización ciudadana y quizás buscando generar debate. 

–Se nota que no usás redes sociales –le dijo un tercero– ese es un termómetro para medir el pirevai colectivo, la prensa puede publicar muchas cosas, pero si la gente no cree lo que se publica y no se siente tocada, no pasa nada. Lo que pasa en realidad es que la gente se va hartando –remató. 

–¿Y qué me dicen de los que están protestando ahora contra González Daher? –insistió el primero–, mucha gente decía que eran solo unas cuantas personas y que eso iba a acabar rápido, pero cada vez hay más gente. Vez pasada me emocionó verle a esa gente movilizada a pesar del frío que pelaba. 

–¿Será que todo esto va a durar? –lanzó el tercero. 

El segundo se seguía mostrando escéptico y desafiante, repitiendo que la indignación era selectiva y que solo se tocaban algunos casos. 

–¿Y qué querés que se haga? –le respondió ya molesto el primero–, con tu discurso lo único que hacés es proponer que nadie se mueva y que todo siga igual, muy cómodo o cómplice lo tuyo –remató. 

Por un momento hubo tensión en la mesa, hasta que el profe, que como siempre escuchaba atentamente a los demás antes de participar, dejó el vaso de cerveza sobre la mesa y habló. 

–Es la clase media, señores. El verdadero motor de la sociedad, que empuja a la economía, y que cuando se harta de ver cómo se despilfarra el dinero que tributa, genera cambios –sentenció. 

Pasó desde las antiguas colonias inglesas y la Revolución Francesa, hasta las últimas protestas que tuvimos aquí en Brasil, Argentina o Perú. 

En Perú se fueron hartando hasta terminar de echar a presidentes y ministros de Corte por casos de corrupción que eran menores a los que aquí tuvimos.

Miremos esto mucho más allá de nuestro ombligo. En un mundo globalizado es mucho más fácil comparar realidades, analizar, comunicarnos y encontrar a muchos otros que piensan como nosotros. 

Vivimos una era de transparencia y libertades. Se equivocan los que siguen tensando la cuerda subestimando al ciudadano, en algún momento esta se les romperá en la cara. 

Me da risa cuando algunos piden escraches pacíficos sin analizar que este es el resultado del hartazgo, de la impotencia de la gente de ver cómo te van cocinando la vida en instituciones que no funcionan y que solo responden a los poderosos. 

Son los vientos de libertad. Que más temprano que tarde terminarán imponiéndose. 

Es cierto que esto requiere un cambio cultural, profundo. Y es un proceso que puede tardar, pero va a llegar –siguió sentenciando el profe, ante la atenta mirada del grupo, que rápidamente cambió de tema, para sacarle tanta formalidad al reencuentro.

guille@abc.com.py