Decía Thatcher que “si el Estado quiere gastar más dinero, solo puede hacerlo endeudando tus ahorros o aumentando tus impuestos”. Como de hecho lo hizo el gobierno de Horacio Cartes en un porcentaje del 40%, que fue lo que creció la deuda pública (interna y externa) en solamente tres años.
Llamativamente no se considera incluido en los números oficiales el financiamiento de obras que se están licitando por la Ley 5074 “llave en mano” y que en total suman más de 1.000 millones de dólares (hasta ahora), sin incluir el costo financiero. Con todo y eso el 40% de crecimiento de la deuda pública supone un aumento exponencial para un país que gasta el 93% de su recaudación tributaria en pagar salarios a funcionarios públicos, dejando apenas un 7% para inversiones, un país que, en pocas palabras, tiene una pésima calidad del gasto.
Mucho se ha repetido que Paraguay tiene un bajo nivel de endeudamiento con relación a otros países. Ese discurso es como un chicle usado, mascado y vuelto a mascar en la perorata oficial. Pero, además, es un discurso simplista y bastante peligroso porque despersonaliza la cuestión y la convierte en un problema de nadie, cuando en realidad es un problema de todos. Y este problema deberá ser resuelto en mayor medida por la clase trabajadora asalariada.
Lo dijo hace décadas la dama de hierro, “solo hay dos formas de que el Estado obtenga más dinero para pagar esa deuda: Endeudando los ahorros de la ciudadanía o aumentando sus impuestos”.
El aumento de los impuestos ya está comenzando y como está diseñada la política tributaria actual, los más castigados serán los sectores medio y bajo y con especial énfasis el segundo; que consume el 100% de sus ingresos en el mes, el que no puede ahorrar un solo guaraní, pero que en compras en el supermercado todos los meses le paga al fisco el 10% de sus ingresos. Cuando al Estado le falten recursos para pagar la deuda, lo que hoy es un 10% será más.
Por esto y por todas las consecuencias no mencionadas, la ciudadanía tiene derecho a exigir un freno al endeudamiento y a controlar el uso que se hace de cada dólar proveniente de la deuda, que, finalmente, ella pagará con sus impuestos.
No es una cuestión personal contra las caras visibles del gobierno de Cartes, ni tampoco una “cuestión política”, aún cuando algunos grupos, naturalmente, intenten sacar provecho. No es una injustificada arremetida de los periodistas contra los ministros; es la ciudadanía interpelando a las instituciones estatales que son responsables por hacer un uso eficiente de los recursos. Recursos, que cada elemento del Gobierno no debe olvidar, fueron obtenidos al comprometer seriamente a cada ciudadano de este país.
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