29 de Enero de 2012
Año político
En el 2012, considerado "año político", tendremos los vaivenes propios del proselitismo criollo, prebendario y mendicante. Muy pocos líderes políticos se mantienen en sus principios. Son las excepciones quienes abrazaron los ideales de sus partidos para buscar el bien común y el bienestar de la comunidad.
Actualmente, con el resurgir del relativismo y la vigencia del utilitarismo, es poco lo que se puede avanzar en materia de desarrollo social y económico. El índice de extrema pobreza subió del 19 por ciento al 19,5 según las estadísticas, lo que demuestra que el método de asistencialismo implementado en la actualidad no funciona.
La otra sombra que se cierne sobre la democracia es el "socialismo del siglo XXI", que en vez de promover la unidad, el desarrollo social, la igualdad y la equidad social, más bien crea zozobra e incertidumbre por los conflictos a campo traviesa, como el caso de Ñacunday.
El presidente Fernando Lugo exterioriza una imagen despreocupada y de poco interés por los problemas que se agudizan en el país. Parece que poco o nada le importa el destino de la nación paraguaya. Al menos esa expresión percibe la ciudadanía del jefe de Estado, que en vez de asumir una postura de estadista, de tomar las decisiones y poner las cosas en su lugar, deja correr agua bajo el puente, ínterin los oportunistas llevan agua a su molino.
El país necesita de un estadista que aquiete las aguas, que genere los cambios, pero sin altibajos ni miedo a regímenes autoritarios ni extremistas. El autoritarismo es un sistema de gobierno en que el poder se concentra en una persona o el grupo que gobierna y que utiliza como propaganda la democracia. Si resurge este régimen, sería volver al pasado de atropellos a los derechos en nombre de la democracia y la igualdad.
La transición debe tener cimientos sólidos sobre principios democráticos, a base de respeto a la Constitución Nacional, las leyes y las libertades públicas. La desidia solo transmite incertidumbre.
rmontiel@abc.com.py
Actualmente, con el resurgir del relativismo y la vigencia del utilitarismo, es poco lo que se puede avanzar en materia de desarrollo social y económico. El índice de extrema pobreza subió del 19 por ciento al 19,5 según las estadísticas, lo que demuestra que el método de asistencialismo implementado en la actualidad no funciona.
La otra sombra que se cierne sobre la democracia es el "socialismo del siglo XXI", que en vez de promover la unidad, el desarrollo social, la igualdad y la equidad social, más bien crea zozobra e incertidumbre por los conflictos a campo traviesa, como el caso de Ñacunday.
El presidente Fernando Lugo exterioriza una imagen despreocupada y de poco interés por los problemas que se agudizan en el país. Parece que poco o nada le importa el destino de la nación paraguaya. Al menos esa expresión percibe la ciudadanía del jefe de Estado, que en vez de asumir una postura de estadista, de tomar las decisiones y poner las cosas en su lugar, deja correr agua bajo el puente, ínterin los oportunistas llevan agua a su molino.
El país necesita de un estadista que aquiete las aguas, que genere los cambios, pero sin altibajos ni miedo a regímenes autoritarios ni extremistas. El autoritarismo es un sistema de gobierno en que el poder se concentra en una persona o el grupo que gobierna y que utiliza como propaganda la democracia. Si resurge este régimen, sería volver al pasado de atropellos a los derechos en nombre de la democracia y la igualdad.
La transición debe tener cimientos sólidos sobre principios democráticos, a base de respeto a la Constitución Nacional, las leyes y las libertades públicas. La desidia solo transmite incertidumbre.
rmontiel@abc.com.py





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