No sé si alguien lleva anotados a nivel oficial la cantidad de proyectos que se aplicaron sin medir el nivel cultural que tenemos; tampoco me llama la atención que se tomen iniciativas sin resolver antes los problemas de fondo. Los vecinos no se comunican “por falta de medios”, los vecinos no se comunican porque en muchos casos ni siquiera se conocen –y por eso– ni se saludan o incluso se desprecian.
Hay diferencias económicas, culturales; hay egoísmo, ignorancia, viveza, comodidad y cuántos otros males comunes.
Me pregunto cuál es el plan para los barrios donde no existen comisiones formadas ni reconocidas o donde hay 2 o 3 a falta de una, división que surge justamente por desencuentros en la visión de prioridades para la zona. Sufrimos en carne propia la prepotencia de algunos vecinos que hacen y deshacen como si ellos fueran autoridad.
Para algunos, por ejemplo, es prioridad una cancha de fútbol antes que una plaza para los niños. Antes de ofrecer una herramienta tecnológica, hay que hacer un largo y difícil trabajo con la gente, y para esto tiene que haber un equipo profesional que maneje la compleja constitución de nuestros barrios.
Palian la crisis los vecinos “llaneros solitarios” que reclaman irregularidades en la Municipalidad aunque, aun con súper celulares y computadoras, pocas veces superan la burocracia, la falta de respuestas.
Hasta hoy, algunos optamos por la mejor solución, que es la gestión individual (ser educados y pacientes para lograr acuerdos directos con el vecino por el árbol, por el humo, por la basura, por el perro, etc.), pero esto no se da en la mayoría de los casos. Una municipalidad preocupada no solo enseña cómo y por qué formar comisiones vecinales, sino que vela por la armonía, provee soluciones rápidas y concretas y nunca deja de recorrer casa por casa para recoger inquietudes. Para hacer este trabajo se precisan expertos en comunicación, en trabajo de calle, encuestadores serios.
La comunicación digital, tal como somos y estamos, excluye, pues deja de lado a una gran franja popular que tiene celulares básicos (solo para llamadas y mensajes), sumado a los que no saben redactar o expresar su inquietud.
Una comunidad se cambia reconociéndola. La comunicación tiene que ser diseñada para nuestra cultura tal como está, o si no, cualquier proyecto no pasa del palabrerío y el malgasto.
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