Bernardino para ver lo caballero

En el año 1880 había tomado la presidencia del Paraguay el General Bernardino Caballero. Había nacido en Ybycuí el 20 de mayo de 1839 y participado en la Guerra contra la Triple Alianza. Fue capturado por tropas brasileras y llevado al Brasil. Recuperó su libertad en diciembre de 1870 y regresó al país. En momentos que moría el Mcal. López, él y una pequeña cantidad de soldados salieron en busca de ganado vacuno para alimentar a la tropa instalada en Cerro Corá y así se salvó de una muerte segura. Se lo encontró a orillas del río Apa una semana después de la muerte de López. En la batalla de Acosta Ñú, el Conde Eu le había pedido rendición, condición que desobedeció y huyó del lugar. Había comenzado como Sargento en la guerra y alcanzó el grado de General al término de los 5 años de aquella brava pelea. 

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A su vuelta del Brasil, ocupó cargos dentro del gobierno y tras la inesperada muerte del entonces presidente del país, Cándido Bareiro, asumió la presidencia del Paraguay el 4 de setiembre de 1880, cargo que ocupó hasta el 25 de noviembre de 1886, día que entregó el poder al Gral. Patricio Escobar. El 11 de setiembre del año 1887 fundó la Asociación Nacional Republicana (ANR) y fue su presidente hasta el 26 de febrero de 1912, día de su fallecimiento. 

A fines de su mandato, en noviembre del año 1886, le preguntaron al entonces presidente del Paraguay: general Bernardino Caballero, ¿qué hace un presidente al dejar la función pública? Contestó y, resumiendo, entre otras cosas dijo: “La ocasión no puede ser más propicia para que cada ciudadano manifieste sus opiniones en uno de los actos más trascendentales para la vida de un pueblo. Llega el momento del sufragio para que alguien me suceda en el poder. Empeñé la palabra solemne de que mi conducta sería totalmente prescindente en la lucha electoral. Es mi propósito más firme hacer efectiva la más amplia libertad del sufragio y no permitiré que a la sombra del poder oficial se ejecuten actos que importen y lleven indirecta o directamente a una coacción”. 

Siguió diciendo: “Estoy muy lejos de pretender conquistar un mérito de alabanza. Apenas me limito a cumplir con el deber que impone la Carta Fundamental. Creo que el crimen más abominable y odioso bajo el régimen del gobierno republicano es el atentado más monstruoso contra las libertades públicas y los derechos del pueblo. El fraude ocasiona siempre infinitos males y es precursor de la anarquía y el despotismo. Así se entronizan los gobiernos personales y se multiplican perpetuándose la voluntad absoluta de unos cuantos con el desconocimiento de las legítimas aspiraciones de la nación”. 

“Creo que no debo ocultar mi pensamiento entero en tan graves cuestiones, y hoy menos que nunca porque en breve voy a descender del poder para volver a la vida privada y confundirme como un simple ciudadano para ocupar las filas más modestas del pueblo de donde salí un día para asumir el mando supremo de la República, honrado por el voto unánime de sus conciudadanos. Al país le salvará el patriotismo, la idoneidad y la integridad”. Así dijo el Gral. Caballero al dejar la presidencia y se fue para su casa. 

A 131 años de las palabras del fundador del Partido Colorado, se sigue diciendo lo mismo y haciendo totalmente otra cosa, así que ya es más que una centenaria coincidencia. Los inquilinos republicanos y momentáneos de Mburuvicha Róga parece que no creen ser de carne y hueso y simples ciudadanos, pero creen que irán a quedarse al lado de Bernardino en el Panteón de los Héroes...

caio.scavone@abc.com.py

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