Gracias a la mayoría cartista que sufrimos en ambas cámaras del Congreso –mayoría cartista significa integrada por colorados, llanistas, encuentristas, “avanzapaisistas” y luguistas– los paraguayos fuimos despojados del derecho a conocer quién financia las candidaturas políticas en nuestro país, financiamiento que ocurre principalmente durante los procesos electorales internos de las organizaciones políticas.
Dicha mayoría cartista impidió la modificación del artículo 64 de la ley de financiamiento, la 4743, corrección que nos hubiera permitido la trazabilidad de aportes durante las internas, para saber quién paga a los candidatos.
De manera que hoy, a catorce días de las elecciones, no sabemos quién es el patrón de cada uno de los ciudadanos que nos piden el voto. Hecho.
Una cantidad de ciudadanos que un año atrás se encontraba en situación económica apenas normal, cuando no apretada, se nos muestra ahora gastando ingentes sumas de dinero para decirnos que ellos son “independientes” y que debemos confiar en ellos nuestro voto para darles un asiento en el Congreso, ya como diputados, ya como senadores. Hecho.
La publicidad por la que esos ciudadanos nos piden que creamos en ellos, en su “independencia”, oculta cuidadosamente los vínculos financieros mediante los cuales pueden pagar sus campañas. Hecho.
Sabemos, por experiencias anteriores como la del diputado Óscar Tuma con respecto a Lino Oviedo o como la del expresidente Nicanor Duarte Frutos con respecto a Horacio Cartes, que los financistas de estas campañas se preparan, con ayuda de buenos abogados, para asegurarse que los candidatos a los que ayudan les sean siempre fieles: Pagarés, tal vez cheques no datados, hipotecas y demás instrumentos legales a disposición permiten a los prestamistas un margen razonable de capacidad de presión para imponer a los candidatos su voluntad. Hecho.
Luego, es fácil comprender que estos candidatos “independientes” no son independientes en absoluto. Son dependientes de quien les posibilita financiar las costosas campañas mediante las que quieren acceder al Congreso.
En el periodo constitucional que ahora está llegando a su fin (2013-2018) hemos presenciado durante cinco años que, sobre las etiquetas formales con las que muchos miembros actuales del Congreso se presentaron como candidatos (liberales, encuentristas, “avanzapaisistas”, luguistas y, por supuesto, colorados) en realidad eran todos cartistas. El partido real más importante del Congreso, el partido verdaderamente mayoritario del actual Congreso, es el partido de Horacio Cartes. Hecho.
La razón es muy simple: Horacio les pagó las campañas. El dólar era la bandera real de los entonces candidatos, aunque engañaron al pueblo diciendo que eran liberales, o encuentristas, o “avanzapaisistas”, o luguistas, o colorados.
El 22 de abril nos quieren volver a engañar. Quieren hacernos creer que son esto o aquello cuando en realidad son lo que el que les paga quiere que sean.
No sé si sirve recomendar no votar por estos “independientes” que no lo son. Por mi parte estoy decidido a votar solamente por los candidatos que en los últimos cinco años, y durante todos los cinco años pasados, tuvieron una conducta consistente de defender la libertad, de oponerse a los negociados del grupo Cartes, de luchar por una justicia independiente y por la transparencia en la gestión pública. Son pocos, pero son buenos.