¿Capital de qué...?

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SALAMANCA. Cada día una nueva sorpresa: Asunción aspira a convertirse en la “capital cultural americana” durante la VII Reunión de Ministros de Cultura de la Organización de Estados Americanos (OEA) que se realizará del 17 al 18 de noviembre. La noticia la dio a conocer el flamante titular de la Secretaría Nacional de Cultura (SNC), Fernando Griffith. No deja de ser sorprendente esta aspiración justamente en un país donde los gobiernos, por lo menos desde la presidencia de Higinio Morínigo, a inicios de la segunda década del siglo pasado, a la fecha, no han demostrado el más mínimo interés hacia la cultura. Y en muchas ocasiones, hasta demostraron su franco desprecio hacia ella: “Cada vez que oigo hablar de cultura saco el revólver”, Goebels dixit. Y bien cerca de él (o al menos de su pensamiento) estuvimos durante los años de la larga dictadura que nos tocó vivir desde 1947 a 1989.

Sorprendente aspiración porque todos esos gobiernos, incluidos los que siguieron al derrocamiento de la dictadura en 1989 hasta nuestros días, demostraron su desinterés por todo aquello que significa realmente cultura al carecer de una política al respecto. Las cosas que se hicieron fueron resultado del esfuerzo y el interés del sector privado y del mecenazgo. A esto se le debe agregar lo que hizo la Municipalidad de Asunción a través de su Dirección de Cultura y sus diferentes escuelas de formación artística. Todo el resto es silencio.

En la reunión que informó sobre este proyecto de capitalidad de la cultura, Griffith insistió en el rol de las industrias culturales “en el desarrollo económico” y puso de ejemplo la valoración y conservación de sitios históricos, “que impulsa el turismo y favorece la economía”. Agregó que “el objetivo de las políticas culturales no es el beneficio económico, pero este beneficio viene como una consecuencia de la promoción cultural”. Es ahora cuando me suena en la cabeza aquella canción de la inolvidable película “Cabaret” (Bob Fosse, 1972) que insistía en “Money, money, money” y aseguraba que “money” es lo que hace girar el mundo. Y por lo visto también las “industrias culturales”. Nos gustaría escuchar decir que la puesta en valor y conservación de los sitios culturalmente significativos (no solo los de interés militar y guerrero) es importante porque tienen que ver con nuestra identidad y porque prestan un apoyo de importancia esencial a una manera de pensar.

Pongo en duda todo lo que ha dicho el señor Griffith porque sobran ejemplos de ese desinterés hacia lo verdaderamente cultural. El edificio del Panteón de los Héroes es un claro ejemplo de ello: más de un año vallado, cerrado al público porque no se tuvo ningún interés en su restauración. Y el único interés hacia la recuperación y puesta en valor del casco histórico de la ciudad ha sido el proyecto de levantar, dentro del mismo, una serie de edificios mamúticos que habrán de alterar el espacio y la escala de un fragmento de la ciudad que mantenía hasta no hace mucho, una homogeneidad ejemplar.

Se mencionó como centros de interés para los días de “capitalidad cultural” el Museo de Bellas Artes y la Casa de la Independencia olvidándose muchos otros museos creados y mantenidos gracias a la iniciativa privada que guardan, sin dudarlo un instante, obras muchísimo más valiosas que los sitios mencionados. Se anunció además, como parte de las actividades programadas, la participación de colonos originarios de diferentes países que mostrarán sus trajes típicos y sus danzas folklóricas. Pero no hay que confundir el hecho cultural con lo simplemente pintoresco o curioso.

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Así como están las cosas, lo mejor que le podría suceder a los verdaderos trabajadores de la cultura de nuestro país, es que el Gobierno siga con lo suyo, con sus intereses propios, ya sean espurios o legítimos, olvidándose de tales capitalidades y exhibiciones que solo son pirotecnia de la que nada entienden ni les interesa.

jesus.ruiznestosa@gmail.com