En distintas etapas de la historia la prensa paraguaya ha dejado huellas imborrables a favor del país.
En la actualidad, en pleno siglo XXI, con los avances tecnológicos, en nada cambió la misión del periodista, cual es la de informar, educar, orientar a la opinión pública y entretener. A estos roles se suma el de investigar porque, según algunos autores de ciencias de la comunicación, el periodista debe cumplir la función investigadora para demostrar la veracidad de los acontecimientos.
En esta era posmoderna se multiplicaron los roles por los conflictos sociales y políticos; manejo discrecional de la cosa pública y desvergonzados robos que golpean la conciencia ciudadana. Sin embargo, lamentablemente, de nada sirve publicar los probados hechos de corrupción cuando los estamentos del poder y las autoridades pertinentes no asumen sus roles con seriedad para sancionar y poner freno a tantas calamidades.
Hacen falta patriotismo y honestidad para reencauzar a la Patria soñada hacia el desarrollo, la equidad y la igualdad social. También necesitamos de una opinión pública criteriosa para exigir a las autoridades cumplir sus deberes.
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En la semana del periodista no podemos olvidar a nuestro compañero de tareas don Pablo Medina, cuya sangre regó la tierra de los 34 curuguateños próceres de la gesta libertaria de mayo de 1811. También recordamos a Antonia Almada.
Medina y otros comunicadores ofrendaron sus vidas por un país mejor, libre de narcotraficantes, contrabandistas, oportunistas y mercaderes de la política. En memoria de ellos, al recordar el aniversario de El Paraguayo Independiente, reasumimos el compromiso con las libertades públicas y la libertad de prensa, pilares de la democracia.
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