20 de Junio de 2017

 

Comunicación efectiva

Por Lourdes Peralta

El caso del joven que murió a manos de unos guardias de seguridad tiene muchas aristas para el análisis: La drogadicción en la que caen cada vez más jóvenes, la falta de control en y de las empresas, la portación de armas, entre tanto más. Pero quisiera centrarme en algo fundamental: la comunicación deficiente. Quien sabe comunicar tiene la herramienta más poderosa que puede poseer libremente el ser humano para conectarse consigo mismo y con los demás. Nada funciona correctamente sin una comunicación efectiva. En el luctuoso caso hubo doble falta de comunicación: en la familia y en la empresa. Sabemos que en la familia no es fácil comunicarse, y menos cuando se convive con una persona enferma. Segundo, a juzgar por el proceder de la hermana del fallecido, la misma que llamó a la empresa de seguridad para que un amigo o conocido oficiara de ayuda, se cometió otro error, pues ¿cómo recibió esa persona de la empresa el mensaje para inmediatamente pasarlo a terceros?, ¿hubo certeza de que comprendió el pedido?, ¿la mujer habrá sido clara? Pensemos solamente en algunas alternativas: “Un muchacho robó un auto, persíganlo”, “un joven tomó el auto sin permiso de su mamá y está huyendo”, “un peligroso drogadicto se está llevando un auto”; en fin, muchas pueden ser las versiones para una sola verdad. Tomo este caso solamente para ejemplificar el extremo al que puede llevar la falta de comunicación precisa en un momento de urgencia.

Es muy importante que seamos conscientes de qué y cómo nos comunicamos. Tal como a muchos nos ocurrió con las sufridas clases de matemática, las clases de castellano en la escuela descubren inexorablemente su razón de ser a lo largo de nuestra vida. Resumidamente, en la comunicación existen elementos básicos: qué se quiere comunicar (mensaje), quién lo quiere comunicar (emisor), a quién debe llegarle ese mensaje (receptor), la manera en que lo haremos (canal, código) y el momento y la situación (contexto). Por supuesto, en la práctica, aún en el contexto más cotidiano y rutinario, es tan significativo lo que yo emito como lo que el otro entiende. Entonces, nuestro trabajo paralelo es buscar maneras de cerciorarnos de que el otro entendió lo que quisimos decir, o viceversa, que entendimos lo que el otro expresó. Y por supuesto, no descartar la intencionalidad.

Enseñar –con la práctica– una buena comunicación primaria es obligación de todos: padres, maestros, toda persona formada. Cada familia tiene su manera de comunicarse y paralelamente cada miembro trae y/o desarrolla otras particulares. Muchas veces las grandes frustraciones o cargas que llevamos se deben a que no aprendimos a comunicar/nos. La falta de comunicación acarrea lo insatisfecho.

Algunos puntos claves son: ser buen oyente (evitar ser “consejeros”), no interrumpir, ser empático, buscar momentos propicios para el diálogo, esforzarnos por profundizar la comunicación. Según los psicólogos existen 28 maneras de comunicación. Seguramente hay muchas más aún no descubiertas. Pulamos por igual palabras, pensamientos e intención. “El problema más grande de la comunicación es la ilusión de que ha tenido lugar” (Bernard Shaw).

lperalta@abc.com.py

 
 

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