Control partidario en disputa

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Desde hace algunas semanas, el Partido Liberal ingresó a un estado de confrontación interna permanente que excede las cotidianas diferencias que pueden existir entre miembros de un partido político. Día a día el conflicto va escalando y amenaza con dejar huellas profundas capaces de afectar la contienda electoral de 2018.

La pelea no es nueva. Es antigua, viene de 2012 cuando en una singular nominación signada por el enfrentamiento con Blas Llano, por entonces presidente del partido, Efraín Alegre logró imponer su candidatura presidencial. Se presentó en las generales de 2013, fue derrotado y desapareció de la vida partidaria. Llano también dejó el cargo, cedió su lugar a Miguel Abdón Saguier, pero se mantuvo en el quehacer político diario. Desde entonces y hasta ahora la pelea por el control partidario quedó latente. Esa disputa sin resolución es la que de nuevo aflora.

Alegre siempre creyó que buena parte de su derrota estuvo marcada por el poco apoyo de la estructura partidaria controlada por Llano. Lo hizo saber a su entorno chico, pero nunca hizo reclamos públicos. Se llamó a silencio casi por tres años esperando el momento.

Hace algunos meses reapareció como nuevo aspirante a la presidencia de la República; dispuesto a no repetir errores. El primer paso fue llegar a la presidencia del partido; el segundo utilizar el cargo para alinear la dirigencia. Quienes no estaban dispuestos sufrirían las consecuencias.

Todavía siendo candidato a la presidencia partidaria dejó en claro su oposición a la reelección presidencial y apenas asumió empezó a operar para que esa posición se convirtiera en mandato para todos los liberales. Llamó a convención, su discurso se convirtió en una orden avalada por la máxima instancia y de paso expulsó del partido a seis diputados leales a Llano. Dejaba en claro que esta vez no habría contemplaciones para controlar la dirigencia, acotaba la posición partidaria y daba un golpe directo a Fernando Lugo y Horacio Cartes, los dos potenciales adversarios que están mejor perfilados para la disputa presidencial.

La movida instaló el conflicto dentro del Partido Liberal. Generó una profunda división y desde entonces se generan batallas diarias que ensombrecen la unidad partidaria. Alegre no se muestra dispuesto a conciliar. Hace unos días redobló la apuesta y volvió a amenazar a aquellos que se atrevan a votar en el Congreso a favor de una emienda constitucional que permita la reelección presidencial. Se mantiene firme aún cuando eso lleve el riesgo de generar más daños que beneficios al interior del partido.

Con una candidatura presidencial lanzada Alegre pelea en el frente interno para controlar el partido y en el frente externo para mantener un discurso que lo que mantenga junto a la gente; alejado de la criticada dirigencia política.

Puede que a estas alturas Llano esté dejando lentamente la vida política, pero no está dispuesto a aceptar atropellos y entregar buenamente el control partidario. Si bien su candidato perdió en las internas para la presidencia del partido, sigue manteniendo la parte más grande de la estructura partidaria. Es el que tiene la mayor capacidad de mover votos liberales. Eso pesa y Llano está dispuesto a demostrarlo.

La dirigencia llanista se reunió a mitad de semana. Por unanimidad autorizó iniciar negociaciones con Fernando Lugo y con el Frente Guasu de cara al 2018. Por ahora las conversaciones irán por fuera del Partido Liberal; pero en algún momento llegarán a instancias partidarias. Afectarán a los planes de Alegre.

La disputa por el control partidario en el Partido Liberal está en sus inicios. Falta mucho para que llegue a su fin. Mientras tanto las permanentes fricciones entre llanistas y efrainistas empiezan a generar daños profundos poniendo en duda si realmente servirá al futuro candidato presidencial que apoyarán los liberales.

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