Solo me permitiría hacer estas preguntas, propias de quien nada sabe de economía: ¿El crecimiento se visualiza? ¿Dónde se lo encuentra? ¿Cómo lo podemos distinguir?
Desde hace tiempo leemos en los diarios, escuchamos en la radio, se nos repite por televisión el auge económico del país, pero... ¿Dónde está? ¿Cómo se lo identifica? ¿Qué señas, color, aspecto, tiene?
Por lo mucho que se habla de crecimiento es imposible que se trate de un fantasma. Y si no es un fantasma, se lo tiene que ver y tocar. ¿Alguien del Gobierno puede darnos una pista acerca del sitio donde estaría escondido? Si tanto se lo menciona, en algún lado tiene que encontrarse.
La ciudadanía solo sabe dónde no está. He aquí algunos de esos lugares:
No está en la educación, donde el crecimiento es a la inversa de lo deseado: educadores mal pagados, mal capacitados; locales escolares que son una ruina; cientos de miles de niños que cada año quedan excluidos de la “enseñanza obligatoria“, generalmente por carencia económica de los padres; jóvenes que no pueden seguir la secundaria porque tempranamente salen a trabajar, o se disfrazan de trabajadores.
En plena civilización del conocimiento nuestro país está muy rezagado. ¿En cuántas escuelas encontraremos una computadora por niño? Para un país de tan elevado y sostenido crecimiento como se dice que somos, los instrumentos modernos de la enseñanza deberían ser lo más común en las aulas.
¿Tendría sentido pensar en computadoras para las escuelas donde los niños no tienen dónde sentarse?
¿Cómo vamos a hablar de crecimiento si no hay educación? Lo que hay es un crecimiento desmedido de la incultura cuyas acabadas muestras están en los sitios claves de la administración del Estado. El último ejemplo: en estos días el diputado colorado por Cordillera, Víctor González, para justificarse dijo que “a fin de cuentas este es un país prebendarista y vamos a seguir siendo prebendaristas”. Para rematar esta dolorosa verdad cuestionó al presidente de la República que no llena de seccionaleros la administración pública. Es cierto, vamos a seguir siendo un país prebendarista, junto con otros males, mientras no se invierta lo necesario en la formación de ciudadanos que cuando lleguen a gobernar, desde cualquiera de los poderes del Estado, presten algún provecho a la patria y dejen de decir tantos despropósitos.
Otro lugar donde no vemos el crecimiento económico es en la salud de la población. Basta con asistir a cualquiera de los hospitales públicos, como paciente o visitante, para ver el estado calamitoso de los nosocomios y de las personas que han venido padeciendo, tal vez gran parte de su vida, de desnutrición y enfermedades enteramente prevenibles. Otra vez nos encontramos, en el caso de estos pacientes, con la ausencia de una educación perseverante.
En estos y otros casos, como respuesta a los reclamos, escuchamos la frase invariable: “No hay dinero”. Es posible que así sea, ¿pero dónde entonces va a parar nuestro “notable crecimiento económico”?
Desde hace tiempo la pobreza extrema se mantiene en un 18% de la población. Equivale a 1.200.000 personas que apenas tienen algo para llevarse a la boca y no les sirve ni para engañar al estómago. Para peor, se los convierte en mendigos en nombre de la lucha contra la pobreza.
Se habla de cifras de crecimiento casi fabulosas: 10, 12, 15 por ciento cada año. ¿Y? ¿Dónde están? Por lo menos en los sitios donde se los necesita con urgencia nadie sabe de esos crecimientos.
No quiero ser malpensado, ¿pero tanto crecimiento no será solo para engordar las cuentas bancarias de los corruptos de siempre?
Feliz año nuevo.
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