Crisis que compromete

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La crisis del PLRA volvió a saltar con fuerza en los últimos días, dejando al desnudo las profundas diferencias que existen dentro. El conflicto entre el oficialismo partidario y el movimiento liderado por Blas Llano está lejos de encontrar una solución. Podría incluso no tener un arreglo hasta las próximas elecciones internas.

Efraín Alegre, como presidente del PLRA, está obsesionado con destruir al equipo llanista. Tumbarlo completamente; que no sea una opción de poder dentro del partido.

Es difícil que algo así pueda ocurrir. A lo largo de los últimos diez o quince años Llano logró construir una estructura política asentada firmemente dentro del partido. Eso no se puede borrar en ocho meses o un año de mandato partidario. Exige un trabajo a largo plazo. La presidencia del partido da el título, pero no alcanza para consolidar un liderazgo que abarque todos los espacios. Hace falta más que eso para lograr un control absoluto.

Esto se complica todavía más con el modelo que pretende imponer Alegre. La exclusión y el sectarismo, lejos de generar adhesiones, profundizan los conflictos. Más todavía cuando el oficialismo no tiene una estructura propia que le permita moverse como un equipo consolidado.

El presidente de los liberales sabe que está jugando en un tiempo limitado, que este es el momento de intentar quebrar definitivamente al llanismo. Dejarlo de lado para que no pueda volver en las próximas elecciones internas.

Esas son sus necesidades internas, pero los tiempos electorales exigen otras cosas.

Pasado el tiempo electoral la fuerza del oficialismo empezará a decrecer. Los diferente grupos que sumaron para que Alegre llegue a la presidencia del partido empezarán a buscar de nuevo un espacio propio. Esa atomización abrirá el camino para que el llanismo se convierta en una fuerza interna poderosa, con representación a nivel nacional y con capacidad de empezar a generar consensos. Alegre busca por todos los medios evitar que eso ocurra, pero podría estar caminando en la cornisa.

La confrontación interna que inflama permanentemente tiene múltiples riesgos y bien podría terminar comprometiendo el futuro de cara a las elecciones generales de 2018.

Alegre, como presidente del PLRA y eventualmente como candidato presidencial para las elecciones generales del próximo año, necesita un partido unido donde todos los sectores tengan su espacio. Eso le permitirá tener una fuerza electoral consolidada, sin fugas, y pensar que con el apoyo de los demás sectores de la oposición la victoria podría no estar muy lejos.

Llegar a ese objetivo exige tomar decisiones pensadas y sobre todo alejadas de las pasiones internas. Poner por delante el conflicto partidario, sin ver que las elecciones generales necesitan una visión mucho más amplia, es el principio del fin de las aspiraciones presidenciales. Los miembros de un sector interno permanentemente atosigado difícilmente estén dispuestos a trabajar por un candidato que solo piensa en sacarlos del juego. Seguramente no trabajarán en contra de un candidato del partido, pero alcanzará con que no trabajen a favor para poner en duda una victoria del PLRA.

A estas alturas el equipo llanista está enfocado en trabajar para sus candidatos en las internas partidarias. Apuntan a llevar el Congreso a la mayor cantidad de legisladores. Con un lote numeroso de parlamentarios pueden empezar de nuevo a andar el camino de recuperación de los organismos del partido. En paralelo apoyan a un candidato presidencial prestado, que incomoda al oficialismo partidario. Mateo podrá no ganar las internas para la candidatura presidencial, pero alcanzará para seguir sacando votos a Alegre.

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