“¿Cuánto durará Marito?”

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Días atrás fui invitado a un panel de Dende donde se analizó la gobernabilidad del actual gobierno y lo que sigue es parte de mi exposición y algunos agregados. ¿Por qué la duda? Porque siempre que comienza un ejercicio constitucional de cinco años se plantea lo mismo, y porque además, en este caso puntual, alguien lanzó la idea (o deseo mal oculto) de que Marito no durará en el gobierno, dándose a entender con ello que en cualquier momento será sustituido por el vice, Hugo Velázquez. 

La gobernabilidad la concibo como un factor diferente a la estabilidad. Con la ingobernabilidad no dejan gobernar al presidente, pero él sigue ocupando el sillón; con la inestabilidad le mueven el piso o le retiran el respaldo hasta que consigan echarlo. Es por eso que los parlamentarios pueden armar todo el lío que deseen tratando de crear la sensación de un país ingobernable, pero si el poder administrador de la república mantiene la calma y se concentra en ofrecer respuestas a los problemas de la población, el país será gobernable. 

Por tanto, la gobernabilidad no depende de los votos, alianzas, berrinches y traiciones que se puedan dar en el Congreso. La gobernabilidad está en la satisfacción que pueda sentir la gente con la acción de gobierno destinada a ocuparse de sus problemas. 

Recuerdo haber aclarado a los presentes en el debate que veo y creo difícil que el gobierno pueda ofrecer soluciones a todas las demandas sociales, pero es importante que ofrezca respuesta, y puse como ejemplo ante el problema de la inseguridad la creación del Grupo Lince en la Policía, que obviamente no es una solución pero es una respuesta (del anterior gobierno) que da sensación de alivio a la gente. 

¿Y qué pasa con las demás demandas, no sociales? Salud no puede esperar, Educación no puede esperar, Emergencia tampoco..., etc. ¿Los demás pueden? Todas las demandas son legítimas, pero unas son más urgentes que otras. De modo que a unas hay que ofrecer soluciones sin demoras; a otras respuestas convincentes y en algunos casos habría que conformarse con señales inteligentes, gestos estratégicos y voluntad política. La cuestión es no esquivar la jeringa. 

A mi criterio, la gobernabilidad y la estabilidad políticas están aseguradas si se mantiene el crecimiento económico (esto explica por qué la oposición interna insiste en el descrecimiento económico). Lógicamente el crecimiento no alcanza a todos, pero un estancamiento, o peor aún, un retroceso económico harán estallar un malhumor social y empresarial que sumados significará inevitablemente búsqueda de alternativas políticas. 

Sin embargo, tampoco alcanzan respuestas a las demandas y continuidad del crecimiento económico. El gobierno de Marito necesitará un cambio en la conducción del Partido Colorado, que actualmente está en manos del cartismo. Ni siquiera hablamos de que deba controlar el partido sino de sacarlo de las manos de Horacio Cartes. 

La historia es conocida por todos. El Partido Colorado es autosuficiente para que en su propio seno puedan convivir oposición y oficialismo. El grupo que presida la Junta de Gobierno tendrá en sus manos la bisagra para hacerla girar en torno a uno u otro sector. Si Marito busca copar la Junta de Gobierno, hará exactamente lo que hace hoy HC, y no logrará más que mayor polarización, donde lleva las de perder por el natural desgaste que produce el poder en los gobernantes. 

La mejor forma de lograr gobernabilidad y estabilidad para su gobierno a partir del Partido Colorado es que Colorado Añetete promueva el surgimiento en la asamblea colorada de autoridades elegidas libre y legítimamente por el pueblo colorado, de manera que el partido de gobierno recupere su rol de autoridad moral en el ejercicio del poder. 

De esa forma la Junta de Gobierno dejará de ser organismo auxiliar del gobierno de turno y sus presidentes empleados o testaferros del presidente de la República al solo efecto de bailar al son de la música ejecutada en el Palacio de López. Una Junta de Gobierno con autoridad moral será posiblemente el mejor aliado del gobierno para lograr estabilidad y gobernabilidad. Pero no hay que engañarse, el gobierno no tendrá aún la fuerza para rechazar las carpetas rojas de la dirigencia de base. Claro, estuvimos hablando de gobernabilidad, no de buen gobierno.

ebritez@abc.com.py