Contrariamente a aquel periodo de Alfredo Stroessner, más interesante que revisar la lista de los que estuvieron firmes para dar el saludo de rigor a HC, es fijarse en quienes fueron ahora los dirigentes que expresa y ostensiblemente evitaron asomar la nariz en los alrededores de la residencia presidencial.
Esta administración no está para festejos, por más que en el informe del Jefe de Estado al Congreso haya querido pintar un país que mejoró en todos sus aspectos, comparado a periodos anteriores, de lo cual es imposible convencer ni siquiera al más distraído habitante de este país.
Lo que tal vez podría celebrar el mandatario es que su anodina gestión no haya catapultado, hasta el momento, a un rival de mucho peso, sea de la oposición o del oficialismo, como alternativa segura en las próximas elecciones.
Es significativo que entre las principales figuras que por ahora aparecen como posibles aspirantes para el 2018 sobresalgan exmandatarios o excandidatos a mandatarios. Curiosamente (o no tanto), las encuestas, especialmente las que maneja el oficialismo, colocan a varios de esos posibles candidatos por encima del actual ocupante del sillón presidencial.
Ese es el motivo por el cual buena parte del informe que Cartes dio al Parlamento esta semana estuvo dedicado a desaprobar la gestión de sus predecesores. Es evidente que esa insistencia se debió a que el Presidente y sus asesores saben bien que la mayoría de los electores no tiene ni remotamente una percepción positiva sobre su administración.
La estrategia del mandatario será a partir de ahora, en cada inauguración, por exigua que sea, pasar a la ofensiva, elogiar su propia gestión, ponderar a sus ministros y a los intendentes o gobernadores colorados que le responden, al tiempo de atacar a sus críticos y adversarios.
El pequeño detalle de esa iniciativa es que a varios de los dirigentes que están con él, les adorna una dudosa reputación, por decirlo en términos elegantes.
Plantear ese juego de ataques verbales implica también prepararse para las réplicas. ¿Entraremos de lleno en el terreno de los diatribas personales, de los trapos sucios que salen a relucir a la luz del sol y de los archivos que se desempolvan con gran entusiasmo? Seguramente, el mandatario y sus asesores evaluarán quién tiene más que perder.
Recientemente, grupos de funcionarios colorados cartistas presentaron la propuesta de la enmienda constitucional. Una iniciativa que echó a correr, pero que difícilmente se apruebe en el Congreso, en las actuales condiciones.
Si se frustra la reelección, a Cartes y su equipo solo les quedará entonces auspiciar un candidato propio para el 2018, que sea colorado o que al menos se presente como si lo fuera (más detalles, con el actual presidente).
Pero si el cartismo lanza un candidato “ñakyrã pire”, como hizo en el Partido Colorado el año pasado y si también la Justicia Electoral o el Poder Judicial traban en cualquier instancia las candidaturas de los expresidentes que se quieran presentar, uno de los efectos posibles es que se devalúe, en términos político-institucionales, la próxima elección.
En ese escenario, no se puede descartar que, como consecuencia, se instale un clima de inestabilidad política bastante peligroso, justamente en la etapa final del mandato de un presidente cuya fortaleza, tal vez, a esa altura, no será de las mejores.
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