De tal casa, tal sociedad

Este artículo tiene 8 años de antigüedad

La queja generalizada de que vivimos en una ciudad sucia obedece a varias razones que merecen análisis, tanto personales como colectivos. Pero quisiera situarme en lo que proyectamos a partir de nuestra propia casa y hogar, que es desde donde nos preparamos cada día para salir a la ciudad (y las interrelaciones que tendremos). En la sociedad tenemos diferentes clases sociales, y tener más o menos recursos económicos no significa que nuestra casa será linda y limpia. Como periodista, me ha tocado entrar a muchas casas para hacer entrevistas y sentir muchas cosas en cada lugar. Recuerdo una muy lujosa, donde el dueño tenía una alfombra blanca como la nieve, eternamente envuelta en un plástico para que no se ensuciara (una regla un poco incómoda para el visitante). Esta persona trabajaba con piedras y energías, así que desde que cruzabas su puerta estabas notablemente bajo su mirada y sus normas. También he visitado casas humildes, pero con mucho sol y libertad, he compartido salitas improvisadas, patios enormes, pequeños, pasillos, cocinas, veredas.

Hay tantos tipos de casas como de personas. Si recorremos los barrios, podemos ver incluso desde afuera cómo las fachadas describen a los habitantes.

Siempre, una de las obligaciones familiares es concebir la casa como un lugar compartido, libre de basura y ordenado. Si de ahí partimos mal, ese será el resultado también fuera de este, porque ni vestido ni perfumes anulan el caos emocional.

Hoy en día está de moda aplicar Feng Shui, el que, aunque muchos lo reduzcan a mera decoración, tiene que ver con la filosofía taoísta de ocupación y armonía en un espacio, para lograr lo mismo en las personas y el mundo que nos rodea. Sin dudas, es un trabajo muy interesante, salvo que caiga en manos de algún comerciante ávido de vender cambios sin que el cliente conozca el sentido más allá de lo estético. En realidad, sin necesidad del Feng Shui, el orden y la limpieza provienen de nuestros propios parámetros y hábitos, deseos de estar bien. La naturaleza misma nos muestra cómo se limpia y se renueva: un río que corre, el viento que sacude las plantas, las aves e insectos que llevan y traen.

Bien se dice que tal como está nuestra casa (cada una de sus partes), está nuestro espíritu. Cuánto llena un “qué gusto da estar en tu casa”. Por eso los arquitectos charlan con las personas antes de construir una vivienda, preguntan cosas sobre la vida diaria, cuántos son, qué actividades hacen, si están la mayor parte del día o no, etc. De acuerdo a eso proyectan la casa que se parecerá lo más posible a sus habitantes. Después vendrá lo profundo: la clase de energía que produzcamos. No olvido mencionar que muchísima gente no tiene casa (un derecho humano), alquila, se hacina y esta condición se nota en su manera de relacionarse con los demás.

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Por pequeña que sea una casa, siempre hay rincones que arreglar, embellecer. Por supuesto, las tareas deben dividirse entre los integrantes, de acuerdo a su uso, tiempo y capacidad. Hay familias que evitan problemas y terapias gracias a que todos colaboran, asumiendo ser parte del hogar. “Los sentimientos y las costumbres que son la base de la felicidad pública se forman en el hogar doméstico” (Conde de Mirabeau).

lperalta@abc.com.py