Cuando se recurre a principios muy amplios como escudo para sacar conveniencia es porque quienes recurren al argumento están tratando de eludir alguna obligación, alguna limitación de dichos principios. Por ejemplo, escuchamos con frecuencia a la gente decir “ahora estamos en democracia” para tratar de eludir la jurisdicción de las autoridades, dando a entender que la intervención de quienes cuentan con legítimas facultades constituye una forma de ejercer la dictadura. Es una invocación engañosa.
Otro recurso típico de los confusionistas es alegar derecho a la libertad de expresión para cerrar caminos, o derecho a la alimentación para instalar comedores en la vía pública. También están quienes invocan el alcance y la protección de los derechos humanos después de asesinar o secuestrar impunemente, o quienes justifican robos y asaltos en la situación de pobreza en que se desenvuelve una clase de delincuentes. Otros invocan el derecho al trabajo para nombrar a sus familias o correligionarios en la función pública. Todas son tergiversaciones de principios nobles.
En fin, hay una infinidad de interpretaciones posibles a las libertades públicas, derechos, garantías y principios establecidos en la Constitución. De la gente común se entiende que pueda entenderlas con dificultad, pero no de quienes ejercen su representación; es decir, de los políticos y líderes instalados al frente de instituciones republicanas.
“Que la gente decida” es el eslogan del cartismo elegido para imponer la reelección presidencial por medio de una enmienda a la Constitución, cuyo texto contrario a esa posibilidad se busca cambiar recurriendo a un procedimiento prohibido (enmienda) antes que al procedimiento permitido (reforma). Dado que la Constitución y la opinión pública son contrarias a hacerlo por enmienda, el coloradismo cartista plantea el ideal amplio de la soberanía para forzar.
De acuerdo a lo que pude investigar, el concepto de soberanía de antes difiere al de ahora. Siglos atrás, la soberanía era ejercida por una sola persona con poder absoluto, limitado solo por leyes naturales y divinas. El concepto fue evolucionando hasta que el soberano fue producto de un pacto de hombres para evitar la barbarie, y aunque continuaba con poderes absolutos, esta vez ya sin la intervención divina.
Con la revolución francesa cambia radicalmente al terminar la era del soberano absoluto para dar lugar al concepto de la soberanía en manos del pueblo. Y aunque cada individuo hoy es soberano, lo es también súbdito al mismo tiempo porque de cada uno depende elegir a quienes los representará al frente de instituciones guiadas por leyes para luego someterse a ellas.
En otras palabras, el pueblo decide por medio del sufragio. Decide quiénes lo representarán y decide con qué reglas se conducirá. Y ahí radica la cuestión, no todo se resuelve con votos porque la mayoría de los eventuales problemas y conflictos de un país están resueltos en la Constitución y las leyes que elaboraron los representantes del pueblo, elegidos por el voto popular. Acatar esta regla de juego es deber tanto del soberano como de sus representantes. Algunos de estos últimos están queriendo joder al soberano presentando lo que ya está decidido como una cuestión que sólo debe resolverlo el pueblo.
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