07 de Setiembre de 2017

 

Denominación de origen controlada

Por Danilo Arbilla

¿Sabía usted que por estos días estamos de elecciones en Cuba? Eso sí, se trata de elecciones a la cubana. Todo un proceso que comienza con elecciones barriales para definir los candidatos entre los que se elegirán, el 22 de octubre próximo, los miembros de la Asamblea Municipal. Luego se sigue un trámite, más de selección que de elección, que dura hasta los primeros días de febrero, conformándose las Asambleas provinciales, la Asamblea Nacional (diputados), el Consejo de Ministros y culminando con la elección del Presidente de Cuba y el Primer Secretario del Partido Comunista. Puede que me equivoque en algún detalle, el procedimiento es complicado, no obstante lo cual, al final el elegido siempre es el mismo. En definitiva el régimen de Cuba, y ellos no lo niegan ni la realidad tampoco, es de Partido único, de presidente único y de apellido único.

Pero esta vez será diferente. Como nunca antes se han intensificado la represión y el hostigamiento a los pocos candidatos independientes que aspiran competir en “las barriales”, única instancia en que efectivamente los cubanos pueden elegir. El aparato no quiere riesgos y hasta el propio vicepresidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, se está ocupando directamente de esa tarea.

La otra diferencia es que Raúl Castro no seguirá, por decisión propia, por supuesto, como presidente. Será elegido otro. Se da por hecho que Díaz-Canel será el presidente, aunque pueden surgir sorpresa como ha dicho Mariela Castro, la hija de Raúl. Quizás no está tan decidido el cambio de apellido.

De todas formas Raúl Castro se retira, pero no tanto. Se anticipa que seguirá al frente del Partido Comunista de Cuba (las elecciones en Cuba tienen de bueno eso de que se sabe con tiempo quien será elegido).

Y estar al frente del PCC es tener el poder. Veamos si no: la constitución cubana establece que el PCC “martiano y marxista-leninista, vanguardia organizada de la nación cubana, es la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado, que organiza y orienta los esfuerzos comunes hacia los altos fines de la construcción del socialismo y el avance hacia la sociedad comunista”.

Esto es: Raúl Castro sigue ahí. Y con el sartén por el mango.

En fin, para qué abundar más: en Cuba rige una férrea dictadura y eso ocurre desde hace casi seis décadas.

Lo interesante es que jamás la izquierda progresista lo asume así. Puede hacer un esfuerzo y hasta admitir que en Venezuela hay una dictadura, pero lo de Cuba es diferente.

Y ese es el mérito de los Castro, en particular de Fidel. El régimen cubano es el encargado de determinar quiénes son de izquierda y quienes no. Ahí se expide el certificado de Denominación de Origen Controlada de Izquierda (DOC-I).

Hay que pasar por la isla, hacer la genuflexión y en la casi totalidad de los casos pagar un peaje, y, entonces, se les da la bendición. Lo del peaje es casi ineludible: de eso ha vivido y vive el régimen. Son “subsidios”, contribuciones al socialismo, que se viabilizan de diferentes maneras y por variadas vías.

Por ejemplo, si Alberto Fujimori, cuyos manejos fueron los que luego siguieron en forma casi idéntica Chávez, Correa, Morales y Ortega, se hubiera allegado a la isla, con buena disposición y alguna ayuda, y hubiera conseguido el DOC de izquierda, pienso que todavía estaría al frente del gobierno de Perú. Y sería políticamente correcto, además.

Eso es lo que tiene el DOC-I de los cubanos; con ese documento no hay problema con torturar, con actos de racismo, con persecuciones por motivos de género o de tipo sexual, ni tampoco con la corrupción y el uso y abuso de los dineros públicos, o por dedicarse al narcotráfico, o acabar con la libertad de prensa y de reunión, o por poner preso a los disidentes políticos. Todo eso no importa si tiene el DOC-I; está dentro de lo políticamente correcto. Y así lo sustentan los progresistas y lo acepta temerosa y sin protestar la mayoría del resto.

Como dijo el vicepresidente uruguayo, Raúl Sendic, hijo del fundador del Movimiento Tupamaro y hoy en una difícil situación por manejos “non (muy) sanctos” al frente de un organismo público, “Yo no creo que haya corrupción de izquierda; si es de izquierda no es corrupto y si es corrupto no es de izquierda”.

Y si tiene el DOC-I, mucho mejor aún.

daf@adinet.com.uy

 
 

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