Al elegirlo por mayoría y, consecuentemente, darle el poder del pueblo soberano para que gobierne, le hemos echado, no a sus espaldas, sino a su cerebro, su corazón y su conciencia una tarea tan pesada, que solo no podrá realizarla.
El nuevo gobierno no tiene tiempo para perder, porque son muchos los desafíos apremiantes: pobreza, salud, educación, seguridad, desempleo, migración interna y externa, droga, narcotráfico y narcopolítica, corrupción, violencia, protección del medio ambiente, etc.
Sería interesante hacer una encuesta que nos dé como resultado saber cuál o cuáles de todos los desafíos son clasificados prioritarios y más urgentes, porque es evidente que todos son extraordinariamente importantes y algunos inaplazables. Pensando en cuáles deben ser elegidos estratégicamente para ser afrontados por esperarse de su solución mayor rentabilidad humana y social, pienso que son la salud y la educación. La salud, porque afecta directamente a la sobrevivencia, y sin salud nada productivo se puede hacer; y la educación, porque la falta de educación es raíz generadora de desafíos y problemas a corto, mediano y largo plazo, y los actuales desafíos existen en gran medida por deficiencias notables de educación.
Si seguimos demorando no ya la reforma educativa, sino la transformación sustancial del sistema y los procesos educativos, nuestro país, es decir, los ciudadanos paraguayos estaremos cada día más atascados en el subdesarrollo, agobiados en más y más desafíos agravantes. No es cualquier sistema educativo el que necesitamos. Hasta hace poco tiempo, el sistema educativo se diseñaba fundamentalmente y casi exclusivamente para niños, adolescentes y jóvenes. Ahora el sistema educativo se debe orientar, estructurar y organizar para atender las necesidades de educación permanente para todas las edades, porque la educación es básicamente capacitar para la vida y hoy las innovaciones tecnológicas, las globalizaciones, el pluralismo cultural omnipresente y la caducidad de los conocimientos, por los descubrimientos científicos, nos obligan a constantes aprendizajes para poder vivir en los nuevos escenarios de la humanidad.
Hasta hace poco, la educación escolar y la superior para la formación de profesionales se hacían una sola vez para toda la vida. Y prácticamente se desarrollaba la misma profesión hasta la jubilación o la muerte. Actualmente, se cambia con frecuencia de trabajo e incluso de profesión, porque hay profesiones que desaparecen, mientras aparecen otras nuevas. Y desde luego los conocimientos y competencias adquiridos durante aquella educación servían para siempre, cuando hoy hay cambios en períodos de años muy cortos tanto en los conocimientos como en las competencias requeridas para el ejercicio de la profesión. La actualización profesional es un imperativo ineludible porque las tecnologías y los descubrimientos científicos dejan obsoletos rápidamente no pocos conocimientos y las tecnologías surgentes demandan la capacitación en otras competencias.
Crece la movilidad de la gente, en general, y de los profesionales académicos, en particular, junto con las diversas alternativas de educación con la modalidad “a distancia”; por eso el sistema y el cuerpo legal del mismo deben caracterizarse por la flexibilidad para acoger nuevos sistemas de evaluación académica y de reconocimiento de los conocimientos y competencias adquiridos en diferentes instituciones de un mismo país y de distintos países.
El progreso científico amplía cada día la extensión y profundidad de los conocimientos, imponiendo la progresiva especialización dentro de cada ciencia y profesión, lo que consume más tiempo para la formación en el estudio de aspectos parciales del espectro de los saberes, lo cual lleva consigo limitación del tiempo dedicado a la formación humanística de los estudiantes. Ante esta tendencia, el sistema debe prever solución a la necesaria formación y maduración integral de todos.
La transformación del sistema educativo requiere necesariamente la revisión de las relaciones que actualmente tiene con los otros sistemas que componen el sistema nacional global, como la relación con el sistema administrativo-económico-financiero, el sistema de desarrollo social, el de trabajo y empleo, entre otros.
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