05 de Febrero de 2012
Difícil sacárselos de encima
La expectativa que generó la aprobación de la ley que desbloquea las listas "sábana" de candidatos, alentada sobre todo (vale admitirlo) por los medios de comunicación, es un tanto exagerada en relación al resultado que se tendrá finalmente en la búsqueda de mejorar la calidad moral e intelectual de los parlamentarios. Obviamente, dicha expectativa es consecuencia directa del hartazgo que genera en gran parte de la ciudadanía la mediocridad y la desvergüenza de muchos legisladores que se dicen "representantes del pueblo".
Aunque la mayoría comparta esta opinión sobre la necesidad de hacer algo para que tanto burro/a con ínfulas de prócer no posen más sus asentaderas en un escaño del Congreso, la solución no se dará, lastimosamente, por vía de una ni de mil leyes.
Apenas aprobada la ley, se habla ya de mejorarla, admitiendo que tiene deficiencias y que no cambiará mucho lo que tenemos ahora. Pero, lo más seguro es que ni aún la ley más perfecta que se haga tenga como resultado un Parlamento compuesto por personas más integras que las actuales.
Si las cosas se solucionaran por vía de la aprobación de una normativa legal, hace rato se hubiera hecho realidad la propuesta lanzada alguna vez por un senador colorado, de prohibir por ley la pobreza en el Paraguay.
Uno de los motivos que hace que tengamos un Parlamento cada vez más copado por mediocres es que buena parte de los electores de nuestro país no vota realmente por una determinada lista de candidatos pensando en sus cualidades intelectuales o patrióticas. Generalmente, la gente vota sin saber quiénes integran dicha lista, por el solo hecho de que es la propuesta de "su" partido. Muchos también votan por otras cuestiones, como promesas de cargos públicos o amenazas de quedarse sin él, o porque uno de la lista es "ñande amigo" o inclusive por el oportuno "50 mil" de algún "operador político" de ocasión.
Esto no significa que deba renunciarse a procurar que tengamos mejores representantes en el Parlamento. Solamente, que no habría que pensar que eso se conseguirá automáticamente aprobando una ley. Así como tras la caída de Stroessner, los problemas del Paraguay no se solucionaron por arte de magia, ya que la democracia es una construcción permanente que requiere del compromiso de los ciudadanos.
Ojalá que el aporte de esta ley de desbloqueo sea que motive una mayor conciencia en los ciudadanos sobre la responsabilidad que tenemos todos de elegir mejores gobernantes. Pero, para apuntar hacia ese rumbo los líderes y dirigentes políticos que realmente quieren a su país deberían insistir en fortalecer la educación de la mayoría, porque esa será la forma de asegurar que no haya un retroceso político o que no seamos embaucados por propuestas trasnochadas o discursos populistas huecos y vacíos de contenido.
Ni una ley, ni siquiera una Constitución excelentemente redactada puede convertirnos en un país mejor. El camino es un tanto más arduo y necesita de dirigentes patriotas y ciudadanos cada vez más conscientes.
Aunque la mayoría comparta esta opinión sobre la necesidad de hacer algo para que tanto burro/a con ínfulas de prócer no posen más sus asentaderas en un escaño del Congreso, la solución no se dará, lastimosamente, por vía de una ni de mil leyes.
Apenas aprobada la ley, se habla ya de mejorarla, admitiendo que tiene deficiencias y que no cambiará mucho lo que tenemos ahora. Pero, lo más seguro es que ni aún la ley más perfecta que se haga tenga como resultado un Parlamento compuesto por personas más integras que las actuales.
Si las cosas se solucionaran por vía de la aprobación de una normativa legal, hace rato se hubiera hecho realidad la propuesta lanzada alguna vez por un senador colorado, de prohibir por ley la pobreza en el Paraguay.
Uno de los motivos que hace que tengamos un Parlamento cada vez más copado por mediocres es que buena parte de los electores de nuestro país no vota realmente por una determinada lista de candidatos pensando en sus cualidades intelectuales o patrióticas. Generalmente, la gente vota sin saber quiénes integran dicha lista, por el solo hecho de que es la propuesta de "su" partido. Muchos también votan por otras cuestiones, como promesas de cargos públicos o amenazas de quedarse sin él, o porque uno de la lista es "ñande amigo" o inclusive por el oportuno "50 mil" de algún "operador político" de ocasión.
Esto no significa que deba renunciarse a procurar que tengamos mejores representantes en el Parlamento. Solamente, que no habría que pensar que eso se conseguirá automáticamente aprobando una ley. Así como tras la caída de Stroessner, los problemas del Paraguay no se solucionaron por arte de magia, ya que la democracia es una construcción permanente que requiere del compromiso de los ciudadanos.
Ojalá que el aporte de esta ley de desbloqueo sea que motive una mayor conciencia en los ciudadanos sobre la responsabilidad que tenemos todos de elegir mejores gobernantes. Pero, para apuntar hacia ese rumbo los líderes y dirigentes políticos que realmente quieren a su país deberían insistir en fortalecer la educación de la mayoría, porque esa será la forma de asegurar que no haya un retroceso político o que no seamos embaucados por propuestas trasnochadas o discursos populistas huecos y vacíos de contenido.
Ni una ley, ni siquiera una Constitución excelentemente redactada puede convertirnos en un país mejor. El camino es un tanto más arduo y necesita de dirigentes patriotas y ciudadanos cada vez más conscientes.






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