Soy optimista y espero que, algún día, alguien con poder de decisión logre que nuestros niños, adolescentes y jóvenes reciban los servicios de educación pertinentes para que esa parte sustancial de toda persona sea educada y desarrollada, en vez de ser ignorada, amputando así la verdadera educación integral de todos.
El lunes pasado (18), con el título: “Superar el reduccionismo educativo”, traté una vez más el tema citando a científicos y escritores de autoridad mundialmente reconocida que postulan lo mismo: la necesidad de entender al ser humano en toda su integridad y consecuentemente atendiendo a su connatural dimensión espiritual.
Recibí varias cartas felicitando y agradeciendo; y una que me decepcionó, escrita por Lázaro Rojas, un profesor a quien he admirado por luchador en defensa de los derechos de los educadores. En esa carta, Rojas hizo dos afirmaciones falsas. La primera, que el plan de la reforma educativa fue copiado del extranjero. Lo cual jamás podrá demostrarlo, porque no tiene nada que ver con la realidad. Los que vivimos, de cuantos iniciamos la reforma, no solo damos testimonio de que no se copió de nadie, sino que podemos demostrarlo documentalmente. Basta leer el libro que publicamos en 1992: “Reforma Educativa, Compromiso de todos” (Informe de avance del Consejo Asesor de la Reforma Educativa) (CARE), para darse cuenta de que no hay una sola pista de posible contaminación de propuesta extranjera. Menos pistas de plagio o inspiración se podrán encontrar en las actas y libros publicados sobre los 17 Congresos Departamentales y los dos Nacionales que retocaron la propuesta del CARE.
La segunda afirmación falsa del profesor Rojas es que la Reforma nada dijo de la educación de la dimensión espiritual. Quien quiera comprobar su falsedad, basta que lea en el mismo libro citado, dentro del capítulo “la filosofía de la educación” (página 45), el primer párrafo sobre “Fines de la educación paraguaya”, que dice: “La educación paraguaya busca la formación de mujeres y varones, que en la construcción de su propia personalidad logren suficiente madurez humana, haciéndose capaces de relacionarse comprensivamente con los demás, con la naturaleza y con Dios, en un diálogo transformador con el presente y el futuro de la sociedad a la que pertenecen y con los principios y valores en que esta se fundamenta”.
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El párrafo define claramente la “trascendencia” del ser humano, que se realiza en sus relaciones trascendiéndose en todas sus coordenadas, incluida explícitamente la coordenada fundamental de la relación con el “Trascendente Absoluto”, que es Dios.
La propuesta de la dimensión trascendente (espiritual) del ser humano es el primer fin de la educación paraguaya, según el Consejo Asesor de la Reforma Educativa. Que este fin no se haya procesado en toda su dimensión en el sistema educativo no es problema ni deficiencia del CARE, porque la reforma de la educación no es asunto solamente del CARE, este Consejo propuso, como Consejo, pero la realización de sus propuestas nunca estuvo ni tenía que estar en sus manos, sino en manos de los gestores y operadores de la educación, que fueron y son otros muchos, ni siquiera solo el Ministerio de Educación.
Y volvemos a repetir lo que dice la Constitución Nacional (art. 75): “La responsabilidad de la educación es de la sociedad y en particular recae en la familia, el municipio y el Estado”. La reforma de la educación, decíamos como título del libro citado, es “compromiso de todos”.
Afirmar que la reforma educativa fue un fracaso es una generalización excusable en discursos políticos, no en afirmaciones de educadores y científicos. La reforma tuvo logros importantes y deficiencias significativas. Echar la culpa de los resultados de la Reforma al Consejo es ignorancia o irresponsabilidad ética. Si el desarrollo de la dimensión espiritual no está incluido expresamente en el sistema, no es por negligencia del Consejo Asesor de la Reforma Educativa. Y atribuir el estado actual de la educación a la reforma es desconocer la vida y evolución del sistema educativo como “sistema” y mayor ignorancia.
jmonterotirado@gmail.com