ABC
28 de octubre de 2026
Plaza Pública
ABC TV de 21:00:00 a 21:59:00
Ver ABC TV
De Todo un Poco
ABC Cardinal AM de 21:00 a 23:59
Escuchar ABC AM
Solo Música
ABC FM 18:00 a 23:59
Escuchar ABC FM
Plaza Pública
ABC TV de 21:00:00 a 21:59:00
Ver ABC TV
22º
Ahora
ver más
22º
Ahora
HOY
Min
19º
Máx
29º
undefined 2026-10-29
Min
18º
Máx
27º
undefined 2026-10-30
Min
15º
Máx
30º
undefined 2026-10-31
Min
17º
Máx
32º
undefined 2026-11-01
Min
17º
Máx
35º
undefined 2026-11-02
Min
19º
Máx
33º
Cotizaciones del día
DOLAR
Compra
5.740
Venta
6.000
PESO
Compra
1
Venta
10
REAL
Compra
1.080
Venta
1.190
EURO
Compra
6.100
Venta
6.850

Discusión que avergüenza

Este artículo tiene 9 años de antigüedad

La controversia sobre la enmienda constitucional es el espectáculo más triste de todos los que los paraguayos hemos presenciado en los últimos 28 años y meses. Peor aún de los que ofrecía la dictadura. Porque en aquel período oscuro, paradójicamente, las cosas eran muy claras. Lamentablemente fueron distintas en el proceso posterior porque, ya sin el dictador, algunos protagonistas esenciales de entonces parecían no saber lo que querían. Mientras otros pretendían –nada menos– ser iguales “al que se fue”, legitimando la conocida y amarga frase: “Uno encuentra a veces su destino, en el camino que tomó para evitarlo”.

Agregá ABC a Google como fuente preferida en tus búsquedas.

Pero tras el golpe del 89, funcionaron los partidos como nunca antes, si bien la democracia concretó la desaparición de algunos (cosa que ni Stroessner pudo conseguir); hubo alternancia de gobierno y se convocó una Constituyente que permitió el juramento de una Carta Magna, con la que pretendíamos iniciar, seguros, el derrotero democrático. Pero como puede notarse en estos días, algo salió mal. Es decir, salió igual de mal a las veces que quisimos hacer lo mismo… porque simplemente olvidamos que, desde la Independencia para acá, los paraguayos tuvimos cuatro Constituciones y dos Reglamentos de Gobierno… ¡y nada menos que 40 golpes de Estado! Con un presidente por cada período de gobierno, hubiésemos tenido solo 32 mandatarios … ¡y tuvimos 52! Y conste que, con sus 35 años de gobierno, Stroessner nos alivió la estadística usurpando los períodos que hubiesen correspondido a ¡siete presidentes! Es decir: hicimos con todas nuestras Constituciones y Reglamentos lo que los antiguos Gobernadores de la provincia hacían cuando querían deshacerse de una orden del Rey. Poniendo el Real documento sobre la cabeza y exclamando: “Se acata, pero no se cumple”.

La identidad primaria nos concede la cuna. Si nacidos en el seno de nuestro territorio nacional somos, por ende, paraguayos. En nuestro inicio como Provincia, la Cédula Real de 12 de setiembre de 1537 nos inoculó otro ADN fundamental: el talento para conspirar. De manera que, al mismo tiempo de paraguayos, fuimos habilitados para las picardías políticas. A propósito, Paraguay es el único país que tiene dedicado un voluminoso libro a la Historia de sus revoluciones. Pero aquella picardía hecha costumbre adquirió un “status académico” con la inauguración de la primera casa de altos estudios en Asunción. ¿Cuál?… pues la Facultad de Derecho. Alguna razón habrá habido para que el gremio de mayores aportes al “sillón de los López” fuera el de los abogados. Trece en total. Y otra perla: a partir de aquella Facultad, el “letrado” contaba con jerarquía universitaria ya que, desde antiguo, el pueblo llano había adjudicado tal mote a cualquier pícaro con ínfulas. Ya desde esos tiempos no hubo familia, aula, grupo o ministerio que no tuviera el suyo. 

De manera que aquella inspirada frase de González Delvalle para “echar en gorra a la Ley”, iba a contar, tarde o temprano, con una “derivación constitucional”. Y en eso estamos: echando en gorra a la Constitución. Todos la tironean de un lado a otro y cada quien la interpreta como quiere. En la discusión se mezclan doctrinas jurídicas con las “tres hurras y jahapa”, enarboladas por simples “letrados” como por juristas de nota. Y para allegar partidarios –porque el asunto ni siquiera se aproxima a los andariveles del Derecho– hay promesas para todos los gustos: cargos, negocios y prebendas. Un perdón a algún desliz administrativo por aquí, otra embajada por allá, además de la distribución de impunidades varias. No en balde, la flamígera espada de la justicia que pendía sobre las cabezas (y los fueros) de algunos parlamentarios, se ha convertido en un sacacorchos con pabilo. 

Así transcurre esta ya prolongada y cada vez menos soportable discusión sobre la enmienda (me niego a calificarla como debate), en la que se observa a activos demócratas de antaño en el papel de apasionados panegiristas del rekutu. Alegando, al parecer convencidos, que “la gente tiene derecho a ser escuchada”. Es como pretender que una delicada operación del cerebro sea resuelta con la danza de un brujo alrededor de una fogata. Junto a ellos (los demócratas de antaño y los brujos), vemos a los devotos del continuismo de siempre, porque nada como un “líder único” para anular las expectativas de cambio y asegurar la continuidad de “los negocios”. Queda muy claro, entretanto, que en vez de perfeccionar la democracia nos aprovechamos de sus debilidades, deteriorando el valor de las instituciones. Para que todo resulte funcional a las generalizadas ambiciones partidarias. ¡Qué vergüenza!

jrubiani@click.com.py

Lo
más leído
del día

01
02
03
04
05

Te puede interesar