Si hacen una encuesta espontánea, seguro verán que la mayoría apoya un deseo general y obvio de que la mujer merece respeto a sus derechos; sin embargo, también desconoce qué derechos exactamente. Y ahí empieza un largo desmenuzamiento de causas y grupos. En el feminismo hay diversas corrientes pero fuera del feminismo, es decir sin abrazar ideología alguna, pensando por uno mismo –también y principalmente– hay mujeres que desean una sociedad equitativa e igualitaria. La confusión como método, los exabruptos y el fanatismo reinante nos demuestran cuánto todavía hay que trabajar por la armonía social. Básicamente, quien no se respeta, difícilmente pueda conseguir respeto de otros. Hay, sin dudas, muchas mujeres que no se adhieren a las marchas agendadas del femenino internacional, y no por eso dejan de compartir esperanzas de una sociedad más justa. A millones de mujeres –muchísimas optan por callar para no ser agredidas– no identifica la línea abortista, no están en pugna con sus referentes masculinos y buscan complementación y no contraposición. Tampoco consideran que las mujeres deban tener tribunales de justicia aparte, entre otros gritos del feminismo imperante. En fin, varias cosas que es mejor tocar en otros artículos.
Desde otro ángulo, quisiera recordar algunas frases de mujeres anónimas que han surgido de charlas fugaces y profundas. He tratado de prestar mis oídos y mi corazón al dolor ajeno, y a pesar de lo que pude o no haberlas ayudado, sus confesiones quedaron grabadas en mí: Caso 1. “Me separé de mi esposo. No fue por una infidelidad de él, que si hubiera existido, tal vez, hubiera perdonado. Pero lo que no puedo superar es que me haya robado. Que haya traicionado la confianza que le tuve tantos años. Por suerte, el problema quedó entre los dos, mis hijos siguen teniendo buena relación con su papá”.
Caso 2. “La acompañé a hacerse un aborto porque la vi desesperada y éramos amigas. Éramos muy chicas todavía, le dije a mi mamá que nos íbamos al cine. Ese día la esperé angustiada hasta que aquello acabó. Pero cuando al tiempo volvió a pedirme que la acompañara a lo mismo, me aterrorizó y preferí alejarme de ella”.
Caso 3. “Mi papá siempre me decía que yo no servía para nada. Cuando murió lloré en su funeral porque no quería que pensaran que yo era mala persona. Pero después nunca más lloré por él”.
Caso 4. “Con mi esposo buscamos todo tipo de escuelas que contuvieran a “jóvenes difíciles”, como llaman a los TDAH. Hace un año que decidimos internarlo en un centro de rehabilitación… podemos verlo solo una vez por mes”.
Caso 5. “Mi mamá nunca me quiso como a mis otros hermanos. Mi tía (su hermana) fue mi mamá, ella me adoptó y me dio amor, pero yo no quiero tener hijos”.
Solo unas gotitas del océano de dolores femeninos. Saber escucharnos entre nosotras, también incentiva nuestro crecimiento y fortaleza.
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