15 de Febrero de 2016

 

Educar la sensibilidad humana

Por Jesús Montero Tirado

¿Por qué es necesario educar explícitamente la sensibilidad humana? Resulta paradójico que, inmersos en la cultura del sentir, se esté empobreciendo nuestra sensibilidad. Los perjuicios que trae consigo la pérdida de sensibilidad son muchos y de graves consecuencias personales y sociales. Voy a explicarlo.

Sensibilidad es la facultad que tenemos de percibir los estímulos externos e internos a través de los sentidos, tanto externos como internos. Nuestra educación ha reducido el potencial de nuestros sentires al enseñarnos normalmente que los sentidos son cinco (los externos), olvidando los internos. En total podemos hablar de once sentidos. Para sintonizar más fácilmente con la cultura de la mayoría sobre los sentidos, mi análisis se va a referir exclusivamente a la pérdida de sensibilidad relacionada con los sentidos externos.

En biología, fisiología y medicina la pérdida de sensibilidad se considera una patología, que cataloga una serie de enfermedades más o menos graves o muy graves según en qué parte del cuerpo se produce y cuánto sea su nivel de intensidad. Es fácil comprenderlo. Si mis ojos no perciben ningún estímulo de luz, mis oídos ningún ruido o sonido, mi lengua ningún sabor, mi piel ninguna temperatura, ningún roce, contacto o presión, obviamente las consecuencias son extremadamente graves. Conocemos personas que han perdido sensibilidad parcial o total en alguno de los sentidos externos y resulta difícil imaginar la vida de una persona que haya perdido totalmente la sensibilidad en todos los sentidos externos. En esta hipótesis, la vida no es vida. En la medida en que perdemos sensibilidad nuestra vida se parece más a la muerte.

La pérdida de sensibilidad no solo nos empobrece biológicamente, impacta también negativamente en toda nuestra afectividad. Al no ser sensibles a los estímulos se reducen nuestras emociones en cantidad y calidad, consecuentemente se reducen nuestros sentimientos y afectos. La vida pierde bellezas y placeres; la vida se hace de un solo tono, monótona, aburrida e insípida.

No podemos olvidar que la pérdida de sensibilidad empobrece nuestra inteligencia. Aristóteles decía que “no hay nada en nuestro entendimiento que antes no haya entrado por los sentidos”. Si nuestra sensibilidad no percibe o percibe parcial y defectuosamente los estímulos, nuestra inteligencia no puede conocer la realidad. La pérdida de sensibilidad influye directamente en la posibilidad y la calidad de nuestros conocimientos. Con una sensibilidad deficiente solo tendremos conocimientos deficientes.

Pero ¿estamos perdiendo sensibilidad?

La información cotidiana y las estadísticas que ofrecen los investigadores sociales confirman que en las últimas décadas crece la violencia en el mundo y ciertamente en nuestro país. La violencia se manifiesta incluso con rasgos de crueldad. Además la violencia se ha convertido en espectáculo para placer sadomasoquista en tiempos de descanso dentro y fuera del hogar, por medio del cine, la televisión y el periodismo morboso.

La violencia contra mujeres adultas, jóvenes, adolescentes, niñas y niños crece, como crecen las violaciones y los crímenes domésticos y el mercado de esclavas sexuales.

Se imponen hasta políticamente el narcotráfico y la venta de drogas sobre todo para jóvenes, adolescentes y ya hasta para niños. Y se extiende la legalización para facilitar el consumo de las drogas, que destruyen el cerebro de quienes las consumen.

Se habla y escribe mucho sobre los graves problemas ecológicos, pero no parece que estemos percibiendo sus terribles consecuencias para toda la humanidad, porque destruimos nuestros arroyos, lagos, ríos, contaminamos el suelo y el aire y además deforestamos irresponsable e impunemente.

Observando el estado de pobreza de gran parte de nuestra población, seguimos insensibles ante tanta injusticia y tanto dolor y se perpetúa la inequidad por evidente pérdida de sensibilidad social. Hace meses comenté en esta columna del diario ABC Color el impresionante libro “Ceguera moral” del sociólogo Zygmunt Bauman, que denuncia “la pérdida de la sensibilidad en la modernidad líquida”. Además de la pérdida de sensibilidad personal, social, ecológica (con la naturaleza) estamos perdiendo sensibilidad moral y estética.

Si no se promueven la educación y reeducación de la sensibilidad en todas las edades, cada día seremos más radicalmente pobres, viviremos en la superficie efímera de la realidad, expuestos y vulnerables a persistentes deslumbramientos y manipulaciones, evadidos e ignorantes de la realidad, más conflictivos, menos sociales, menos libres.

jmonterotirado@gmail.com

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