15 de Agosto de 2010

El asistencialismo cría haraganes

Por Aníbal Modesto Velázquez

La presencia masiva de los nativos en las calles y en especial en la plaza Uruguaya desnuda nuevamente el fracaso de la política indigenista del Gobierno, que en sus inicios  prometió dignificar a esta minoría étnica.   

Por ley de la nación, el Instituto Paraguayo del Indígena (Indi) es el ente que debe atender sus reclamos, sobre todo en cuanto al acceso a la tierra comunitaria y la preservación de sus culturas. Sin embargo, a tres décadas de su creación, se  ha demostrado que se rige por  una legislación con lagunas porque, al no garantizar una política que lleve a los nativos a incorporarse a la cadena productiva, lo único que promueve es el asistencialismo que cría haraganes. 

Hoy, los indígenas están peor. Tienen grandes extensiones de tierra, pero viven en la miseria. En los departamentos de Canindeyú, San Pedro y Alto Paraná, donde se han adquirido miles de hectáreas, las comunidades están abandonadas, simplemente porque no saben qué hacer con las mismas.

Para peor, el actual gobierno está implementando el Programa Nacional para los Pueblos Indígenas (Pronapi), que desde su creación no hizo otra cosa que promover también el asistencialismo. Este proyecto es un fracaso porque mal acostumbra a los nativos, quienes solo piensan en los víveres, antes que  agarrar las herramientas y empezar a producir la tierra.

El Indi tiene grandes extensiones ociosas que están siendo alquiladas por los caciques a sojeros y carboneros. Y así lo hacen porque no existe una política  que enseñe a los nativos a ser agricultores.

Es lamentable  ver a nuestros compatriotas indígenas frente al local del Indi y en la plaza Uruguaya, o hacinados en algún rincón de nuestra capital.  Duermen en el suelo, cocinan en las veredas, hacen sus necesidades a la  vista de todos. Las adolescentes, por su parte, se prostituyen, mientras los niños están sucios y desabrigados, cuando que debieran estar en sus comunidades con otra perspectiva de vida. 

Definitivamente, el Gobierno debe replantear su política con respecto a los pueblos indígenas. A la hora de asistirlos ya no se debería pensar solo en la distribución de víveres, sino también en la implementación de proyectos productivos.

Muchos grupos indígenas no son  tan pobres. Tienen grandes extensiones de tierra que con un acompañamiento del Ministerio de Agricultura y Ganadería pueden llegan a ser  utilizadas para la producción. Invertir o destinar el tiempo en la formación para que sean agricultores o ganaderos es la solución para que dejen la miseria. De hecho, hay comunidades que viven de lo que producen como ser en el Chaco, donde han vencido las adversidades climáticas para producir y evitan que sus hijos lleguen a la capital para mendigar. En la Región Oriental hay pocas experiencias, y es donde se debe apretar el acelerador para reeducar a los nativos.   

Ellos son conscientes de que ya no pueden vivir de la caza ni de la recolección. Por eso urge replantear la política indigenista en Paraguay.   

El desafío es difícil, pero no imposible. Apostar a la producción es la única fórmula que evitará que los aborígenes sigan viviendo como animales.   

avelazquez@abc.com.py

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